lunes, 6 de mayo de 2013

No todo está perdido



Boaventura de Sousa Santos

Sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coímbra (Portugal) – Tomado de Visão

Esperar sin esperanza es la peor maldición que puede caer sobre un pueblo. La esperanza no se inventa, se construye con alternativas a la situación presente a partir de diagnósticos que permitan a los agentes sociales y políticos ser convincentes en su inconformismo y realistas en las alternativas que proponen. Si se produjera el desmantelamiento del Estado de bienestar y se llevaran a cabo ciertas privatizaciones (la del agua), estaríamos entrando en una sociedad políticamente democrática pero socialmente fascista, en la medida en que las clases sociales más vulnerables (la gran mayoría de la población) verían depender sus expectativas de vida de la benevolencia y, por tanto, del derecho de veto de grupos sociales minoritarios más poderosos. El fascismo que surge no es político, sino social y convive con una democracia de bajísima intensidad. La derecha en el poder no es homogénea, pero en ella domina la facción para la cual la democracia, lejos de ser un valor incalculable, es un costo económico y el fascismo social es un estado normal.

La construcción de alternativas se apoya en dos distinciones cruciales: entre la derecha de la democracia como coste y la derecha de la democracia como valor; y entre esta última y las izquierdas (en el espectro político actual no hay una izquierda que asuma la democracia como un coste). Las alternativas democráticas tienen que surgir de esta última distinción. Los demócratas portugueses, de izquierda y de derecha, tendrán que tener en cuenta tanto lo que los une como lo que los divide. Lo que los une es la idea de que la democracia no se sostiene sin las condiciones que la hacen creíble para la mayoría de la población. Esta credibilidad se basa en la representatividad efectiva de quien representa (sistema político, sistema electoral, democracia interna de los partidos, financiación de campañas, etc.); en el desempeño de quien gobierna (rendición de cuentas, castigo de la corrupción y del abuso de poder); en el mínimo de ética política y de equidad para que el ciudadano no lo sea únicamente cuando vota, sino también cuando trabaja, cuando está enfermo, cuando va la escuela, cuando se divierte y cultiva, cuando envejece. En la coyuntura que atravesamos, este mínimo denominador común es más importante que nunca, pero al contrario de lo que puede parecer, las divergencias que se dan a partir de él también son más importantes que nunca. Son ellas las que van a dominar la vida política de los portugueses y europeos en las próximas décadas.

Principales divergencias
 
Primero, para la izquierda, la democracia representativa de raíz liberal es hoy incapaz de garantizar, por sí misma, las condiciones de su sostenibilidad. El poder económico y financiero está concentrado y globalizado de tal modo que su musculatura logra secuestrar con facilidad a los representantes y gobernantes (¿por qué hay dinero para rescatar bancos y no lo hay para rescatar familias?). De ahí la necesidad de complementar la democracia representativa con la democracia participativa (presupuestos participativos, referendos, consultas populares y consejos de ciudadanos). En el contexto europeo no habrá democracia de alta intensidad sin la democratización de las instituciones y procesos de decisión comunitarios.

Segundo, el crecimiento sólo se transforma en desarrollo cuando es ecológicamente sustentable y contribuye a democratizar las relaciones sociales en todos los ámbitos de la vida colectiva (en la empresa, la calle, la escuela, la familia, el acceso al derecho, la opción religiosa). Democracia es todo proceso de transformación de relaciones de poder desigual en relaciones de autoridad compartida. El socialismo es la democracia sin fin.

Tercero, sólo un Estado providencia fuerte hace posible una sociedad providencia fuerte (padres jubilados con pensiones recortadas dejan de poder ayudar a sus hijos desempleados, así como hijos desempleados dejan de poder ayudar a sus padres ancianos o enfermos). La filantropía y la caridad son políticamente reaccionarias cuando, en lugar de complementar los derechos sociales, los sustituyen.

Y cuarto, la diversidad cultural, sexual, racial, religiosa debe ser celebrada y no sólo tolerada.

Nota:

Nótese que el texto está pensado para el actual contexto europeo de crisis y, sobre todo, para el contexto portugués. El combate del fascismo social requiere una nueva política de frentes en Europa formados por fuerzas democráticas que, unidas en su diversidad, sean capaces, mediante formas de organización, articulación y acción flexibles, de una notable unidad de propósitos y de centrar sus luchas en torno al fascismo social y sus efectos. La situación no es la misma que justificó los frentes antifascistas de los años 1930 en Europa, pero tiene algunas semejanzas perturbadoras.

 
Traducido por Antoni Jesús Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
Aporte OAG.

lunes, 15 de abril de 2013

La educación debe promover la libertad y ser plural y neutral ante las religiones

Esperando a La Chalotais La educación debe promover la libertad y ser plural y neutral ante las religiones Tomado de: http://elpais.com/elpais/2013/03/21/opinion/1363896060_566744.html JORDI SOLER (Escritor)

En su hermoso libro terminal El refugio de la memoria, Tony Judt dedica un capítulo a su paso por la École Normale Supérieure, en París. Judt, que era alumno de Cambridge, llegó en 1970 a esta academia humanista de élite como pensionnaire étranger y entró en contacto no solo con la intelectualidad francesa más sobresaliente de la época, sino también con los estudiantes que se preparaban para ser los políticos que, unos años más tarde, conducirían los destinos del país. Por las aulas de esta escuela ha pasado, desde el año 1794, una constelación de mentes brillantes que han hecho de Francia lo que es hoy, un país que, con todo y que no se encuentra en su mejor momento nos lleva, en el campo de la educación, mucha ventaja. No en años, puesto que los esfuerzos por consolidar un sistema de educación competente empezaron, en los dos países, a principios del siglo XIX, sino en la perspectiva que han tenido desde entonces los franceses, sobre esa inversión estratégica que es la educación de la ciudadanía. Voy a escribir, sin más intención que la orientativa, los apellidos de algunos ex alumnos de la École Normale Supérieure : Pasteur, Pompidou, Derrida, Sartre, Bergson, Rolland, Althuser, Debray, Foucault y Henry Lévy, que por cierto escribe en estas mismas páginas. Mientras el Estado francés asume la educación de sus ciudadanos, el español se lo deja a la Iglesia Tony Judt, haciendo gala de su robusto escepticismo, escribió: “Los intelectuales franceses todavía generan algún calor de vez en cuando, pero la luz que emiten nos llega desde un sol distante, quizá ya extinguido”. Dicho esto, y aceptando que hoy, efectivamente, esa luz nos llegue desde lejos, no puede soslayarse la tremenda influencia que ha ejercido la intelectualidad francesa en Occidente, durante los últimos siglos, ni, sobre todo, que aquel esplendor que venía de la Ilustración y que consolidó la Revolución, todo ese mundo rico y variopinto de filósofos, escritores, políticos, que han hecho de Francia lo que es hoy, no se debe a la casualidad, ni a la genética, ni a la magia ni al milagro, sino que parte de un proyecto del Estado francés, que hace doscientos años se dio cuenta, y actuó en consecuencia, de que la riqueza de un país, y el peso que este tiene en el mundo, empieza en la educación de sus niños. La École Normale Supérieure, su apabullante nómina de ex alumnos y la influencia que estos han tenido y tienen en el destino de su país, es la punta de un proyecto educativo que concibió, en 1763, Louis-René de Caradeuc de La Chalotais. Este hombre era el Procurador General de Bretaña, un exitoso político que truncó su carrera al enfrentarse con Luis XV y con el duque D´Aiguillon, el gobernador de la provincia. La Chalotais cayó en desgracia, estuvo en dos cárceles bajo un estricto régimen de privación y vigilancia, tanto que, de acuerdo con lo que escribió Voltaire, no tenía derecho ni a instrumentos de escritura y tuvo que escribir su defensa con un palillo remojado en vinagre. Después de la cárcel fue enviado al exilio. Ante ese castigo desmedido, y a pesar de que se trataba de una persona más bien antipática, la gente decía que La Chalotais había sido víctima de su enemistad con el duque D´Aiguillon, pero sobre todo de la venganza de los jesuitas, la orden religiosa a la que había combatido, durante toda su carrera política, con notable ferocidad, porque estaba convencido de que la educación del pueblo no podía ser dejada en manos de una orden religiosa. A partir de ese convencimiento, La Chalotais escribió en 1763, el mismo año en que los jesuitas fueron expulsados de Francia, un ensayo crucial, Essai d´Education Nationale, que fue la primera piedra del diseño educacional francés —que posteriormente articularía Condorcet y finalmente instauraría el régimen napoleónico— como un sistema educativo nacional, gratuito y laico que, a partir de entonces, presidente tras presidente, han ido protegiendo, cultivando y expandiendo, independientemente de la formación política a la que pertenezcan. La tolerancia abúlica hacia la corrupción está relacionada con el sistema educativo Francia lleva más de dos siglos invirtiendo en la educación de sus ciudadanos, más o menos el mismo tiempo que lleva España invirtiendo en la de los suyos, pero con otra perspectiva : mientras que el Estado francés asumió la responsabilidad de la educación de sus ciudadanos, fundando una escuela gratuita y laica, aquí la educación se ha dejado, con la excepción de un breve periodo durante la República, en manos de la Iglesia. Y esto quiere decir que la educación para el Estado español, puesto que se deja en manos de otro, no es una prioridad. O dicho de otro modo, más que la educación importa estar en buenos términos con la jerarquía eclesiástica. Que la Iglesia, en pleno siglo XXI, intervenga en el sistema educativo, y que lo haga avalada por ese anacrónico concordato entre España y el Vaticano refrendado en 1979, es una rareza que no existe ni en el país con más católicos del mundo hispano, que es México, donde la educación es, desde el siglo XIX, laica y gratuita como en Francia. La educación tiene que ser plural, debe promover la libertad de pensamiento, ser neutral frente a las religiones y dotar al alumno del equipaje intelectual que necesita para reflexionar en libertad y llegar a sus propias conclusiones. Así es la educación francesa, la que reciben mis hijos y sus colegas, y que yo miro con sana envidia y a destiempo, porque no se parece en nada a la educación católica que recibí yo, que probablemente se parece a la que recibió usted, y que sigue siendo hasta hoy básicamente la misma, una educación secuestrada por el temor a Dios, donde razonar es menos importante que memorizar, donde la creencia tiene mucha mayor jerarquía que el escepticismo, y el rebaño vale más que el individuo. A juzgar por lo que ha producido en uno y otro país el sistema educativo, convendría empezar a cuantificar, de manera constructiva, todo lo que se ha perdido aquí durante estos siglos de educación mangoneada por la Iglesia, y la manera en que esta pérdida ha terminado conformando al país; porque, por echar mano de un ejemplo de rabiosa actualidad, la corrupción esperpéntica que últimamente llena páginas de periódicos y noticiarios, y la tolerancia abúlica con que el ciudadano común la enfrenta, están directamente relacionadas con nuestro sistema educativo. ¿Debería la Iglesia, esa institución que está cada vez más fuera de este mundo, tener semejante injerencia en la educación de un país moderno, industrializado y europeo? “Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado”, decía Unamuno, y conviene recordarlo porque tiene que ver con la idea que anima estas líneas: Francia es lo que es no por razones genéticas, ni geográficas, ni mágicas, sino porque ha sabido diseñar un sistema educativo a la altura de sus ciudadanos. Quizá ya sea el momento de que aparezca nuestro La Chalotais.

lunes, 8 de abril de 2013

"Explosion en verde" Salamina Caldas
Valinore

Cadena de Union


Una y otra vez las cálidas manos de mis hermanos se entrelazan formando una cadena tan solida como cada eslabón y tan humana como cada espíritu que se une en torno a un círculo vibrante y vivo, lleno de fuerza y belleza.

Las características humanas fusionadas y concentradas en un pequeño espacio y en una fracción diminuta de tiempo, se expresan como impulsos que brotan y se expanden en las dimensiones infinitas de un universo pleno, atravesado por haces fotonicos que permiten la transformación de la energía y la transmutación de los saberes y las pociones, hasta obtener la mezcla alquímica de la materia.
 
La energía transformada en virtud y fraguada con el vigor de la conciencia, permanece incorrupta tras el santuario impenetrable de nuestra verdad.

La forma de transito y de perfección se manifiesta dentro de los limites de un cuadrilongo perfecto , estrellado y celeste demarcado por el paso del sol desde el septentrión hasta el medio día.

Las marcas del camino que son señales del paso de las enseñanzas del maestro , son figuras danzantes y coloridas de un arco iris de prismas que tienen la forma de la piedra pulida y que refractan los rayos del delta luminoso.

Hoy los dedos entrelazados de la cadena de unión me trasportan al sentimiento que me atrae hasta los confines de mis alegrías y mis desafíos , me unen en el momento oportuno con las ilusiones de alguien que se conecta en un instante fugaz atravez de su piel y de sus escencia, con mi sensibilidad y mi percepción.

Energía, no es más que eso.

Es el concepto de la polaridad de la membrana neuronal y de la conducción eléctrica y espiritual . Fluida y permanente en los vivos, dispersa y menguante en los que no.

La electricidad que viaja por las fibras de las células especializadas, tan desconocidas y enigmáticas , las hemos visto desde que ramón y Cajal las describiera como arboles intrincados y tortuosos, las observamos , pero no las descubrimos. Esa energía vibra y se mueve , cambia y altera los compuestos químicos, las moléculas, los átomos y las inimaginables partículas subatómicas. Se siente y se trasmite, se vive y se disfruta.

Energía que en la ultrasensible piel de los dedos, explora los rincones inhóspitos de un ser que se me acerca , que vive , que se expresa a gritos por los poros y que lucha por salir avante con sus triunfos , sus temores , sus ruinas y sus torres y columnas.

El calor es una buena expresión de esa energía, es un aura de vitalidad y de humanidad, se irradia y se contagia con los devenires de los roces y los deseos. Ese calor y esa unión son un homenaje al candor de la amistad , a la intuición , a la comodidad con el hermano, a la complicidad de las situaciones y al entusiasmo íntimo de los momentos.

La energía fraterna es más que un acto o una forma de relación. Es la única realidad concreta del don de la encarnación y el portal para el buen destino que descifra la inevitabilidad de la poesía que somos. Fraternidad vestida o desvestida, fraternidad profunda o enjuta, fraternidad atenta o despreocupada, El amor fraterno es la corriente de una existencia sentida y honda porque vuela con el amigo o vive con la familia . La energía de los sentimientos son el sonido, las calles, las nubes, el sol o el brillo de una estrella. Es la risa compartida, la emoción contenida y aquél abrazo tan cercano.

La cadena se debe romper, pero solo es un símbolo, la verdadera cadena es solida e indestructible y se proyecta al futuro colectivo y se produce un breve silencio.

Y es solo en esa quietud de los sentidos donde puede nacer el silencio. Ese que se parece a un instante único de vacío o de totalidad. Silencio que cuando se es consciente de él, ya se ha ido y pierde su arraigo a esta vida que es agitación. Silencio sin movimiento que puede, si quisiera, anclarse en los dedos, en los pies o en cada vértice del cuerpo. Silencio que se reconoce como estado alterado de conciencia o que se parece a un atisbo de iluminación, pero que cuando logra existir no se parece a nada.

S:.V:.




viernes, 29 de marzo de 2013

La libertad, princio masonico

La Libertad guiando al pueblo
(La Liberté guidant le peuple)
Eugene Delacroix, 1830
La libertad es un concepto que hace referencia a muchos aspectos de la vida humana. Comúnmente se le define como aquella facultad natural que posee el ser humano de poder obrar según su propia voluntad. También es posible comprender la libertad como aquel estado en el que el hombre no está siendo esclavizado ni preso por otro. Se trata de un concepto que hace alusión a aquellos aspectos relacionados con la independencia, con la licencia para realizar aquello que se estime adecuado o conveniente.

Etimológicamente la palabra viene del latín "liber", lo que se interpreta como "persona cuyo espíritu de procreación se encuentra activo", esto derivado del significado que tiene la incorporación del hombre a la sociedad al alcanzar su madurez sexual, para que comience a asumir responsabilidades. Si bien este dato aporta luces sobre el origen de la palabra, no satisface como explicación de este importante valor humano.

El concepto de libertad es algo que a lo largo de la existencia humana nos ha hecho reflexionar en múltiples sentidos, siendo uno de los temas fundamentales de la filosofía. Lo anterior, debido a que muchas veces, el hacer siempre aquello que deseamos nos lleva por el camino equivocado, lo que a fin de cuentas, puede terminar por esclavizarnos a algo (no se debe confundir libertad con el libertinaje). Por lo tanto, la libertad de obrar según la propia voluntad puede terminar por hacernos perder la tan deseada libertad. También para algunas corrientes de la filosofía, la libertad tiene relación con la autonomía, que se entiende como la dimensión de la razón que permite al ser humano pensar dándose normas a si mismo sin que medie autoridad alguna (definición que impulsó el filósofo Immanuel Kant), lo que conlleva a la responsabilidad personal y social.

Otro de los problemas y contradicciones con los que se enfrenta la libertad guarda relación con la necesidad de normar la vida humana en el mundo. Todas las naciones y sociedades formadas sobre el planeta poseen leyes y normas que rigen el comportamiento humano; podría pensarse por esto que no poseemos libertad alguna. Pero cabe preguntarse por la forma que adquiriría la vida en sociedad si no existiesen dichas normas y pautas de conducta.
 
Como es posible de intuir, la libertad es un concepto abstracto de muy difícil definición, y que además, en el intento por hacerlo, el ser humano se ha encontrado frente a múltiples paradojas. Es debido a esto, que a modo muy personal, la libertad puede sólo comprenderse a partir de aquello que no es. En otras palabras, es sólo posible definirla según su contexto y las condiciones en las que se da, ya que en la mayoría de los casos, sólo se puede hacer uso de ella en función de las opciones, siempre limitadas que se nos presentan.