viernes, 12 de septiembre de 2014

LOS TRES PUNTOS EN LA FIRMA DE UN MASÓN


Para empezar con esta plancha, lo hago confesando que en varias ocasiones intenté sentarme a escribir sobre esos tres puntos que cotidianamente puedo encontrarme en la lectura diaria de documentos, y por más que quería hacerlo, siempre puse por delante de mí una barrera académica que me decía ¿cómo es posible escribir sobre un tema tan desconocido para mí?, ¿será que esos tres puntos si tienen una estructura que los sustente?

 

Afortunadamente, la red de la información hoy en día nos permite navegar en un mar de conocimientos al parecer infinito, y ese trayecto, pude encontrarme con un guía que me permitió comprender este tema tan importante y representativo para la Masonería mediante triadas, que así no crean, están presentes en nuestra vida a donde quiera que estemos, miremos o hablemos.

 

Anotaciones sobre los tres puntos:

 

“Los tres puntos masónicos constituyen el más simple y perfecto emblema del ternario, es decir, todo el ser, idea o fuerza simbolizados por el número TRES. (Subrayado propio).

 

Tres es Dios, vida, verbo, luz. Esto es lo que expresa la palabra trinidad: el padre, el hijo y el Espíritu Santo. El Padre es la vida y representa el poder, la fuerza, la expansión. El Hijo es el verbo, la palabra creadora, la forma de lo que existe. El Espíritu es la luz, no es la sustancia, el ser representado por el Padre, ni la inteligencia en forma activa representada por el Hijo, sino es la propia sustancia, la propia inteligencia y la luz producida por el Poder Infinito y por la Inteligencia Infinita en acción, es por lo tanto infinita también. El 3 es el equilibrio perfecto entre la vida, el verbo y la luz.

 

Escogiendo ese símbolo,  junto con la Escuadra y el Compás como distintivos de la orden, los primeros masones dieron prueba de profunda sabiduría y del conocimiento del valor oculto de sus significados. Los tres puntos sintetizan admirablemente la Unidad, la Dualidad y la Trinidad, esto es, el grandioso misterio del origen de todos los seres. Esos tres puntos están armónicamente juntos como Unidad en Oriente, como Dualidad en Occidente y como Trinidad en las tres Luces de la Logia, en las Luces Mayores y en las tres Luces Menores del Altar, en las herramientas que son necesaria para comprender esas verdades que nos indican todos los símbolos y emblemas que adornan nuestras logias. (Subrayado propio).

 

El punto superior, que está hacia lo alto, representa el Primer Principio de lo Absoluto, de lo Único, es el Gran Arquitecto en el cual existen originalmente todas las cosas. Es la Suprema Realidad invisible que produce todos los seres. En él están resumidos el pasado, el presente y el futuro. Los dos puntos inferiores son la imagen de la Dualidad, los mismos dos principios representados por las dos columnas situadas en la entrada del Templo y de cuya reunión resultan todos los fenómenos del Universo. Cada uno de ellos es un aspecto diverso del punto superior, de la unidad primera y originaria, que es siempre indivisible aunque se muestre en esa doble manifestación.

 

El punto superior corresponde al Oriente y los dos inferiores al Occidente, pero los tres forman uno sólo. Uniendo esos tres puntos tendremos un triángulo equilátero, símbolo perfecto del equilibrio y de la verdad que resultan del conocimiento de la vida, del verbo y de la luz. Cuando el neófito ve en Oriente el Delta Luminoso, ve el emblema del ser, de la vida, en el centro del cual están las letras que forman el nombre sagrado de Aquel que ES, que existe porque SI, el Eterno, cuando el iniciado abre sus ojos a la Luz de la Verdad, no encuentra en el templo nada que se relacione simbólicamente el número UNO, porque nada de lo que es sensible puede representar la unidad. Nosotros solamente podemos percibir la diversidad, la complejidad. Nada es simple en la naturaleza, todo es complejo. La Unidad reside en lo íntimo de cada ser. Todo ser pensante tiene la íntima convicción de que es UNO, de que es una unidad, aunque esté formado complejamente por innumerables partes. Todos nosotros sentimos claramente que somos UNOS, que en nuestra manera de pensar, sentir y actuar procedemos como única persona.

 

Los tres puntos son también para el masón el símbolo de lo justo, de lo bello, de lo verdadero, emblemáticamente representados por las tres luces del candelabro que está sobre el trono del Venerable Maestro. El neófito debe enorgullecerse d epoder agregar su firma los famos tres puntos que representan también tres cualidades indispensables al masón: sabiduría, voluntad e inteligencia. Esas cualidades son absolutamente inseparables y deben existir en equilibrio perfecto en el masón. Si no hay armonía en esas tres cualidades tendríamos un ser monstruoso. Si él fuera solamente voluntad, será un bruto repleto de energía perso sin amor, sin inteligencia, pues la sabiduría implica el amor y el conocimiento. Si fuera solamente inteligencia, sería un egoísta, un inútil, que solamente cuidará de sus intereses, despreciando todo lo que no satisface a su orgullo. Pero si fuera solamente sabiduría o amor, sería también estéril porque sus grandes y generosas aspiraciones no serían puestas en acción por la voluntad ni controladas por la inteligencia y por la razón. En conclusión, el verdadero masón es el que posee el equilibrio, cuya amornía está representada por los tres famosos tres puntos: Sabiduría, Voluntad e Inteligencia.

 

El Ternario, es también motivo de profundos pensamientos para el iniciado, porque representa el nacimiento, la vida y la muerte, siempre presentes en el espíritu del masón que así normará su vida en el recto cumplimiento del deber. Simboliza la infancia, la juventud y la vejez, tres fases terribles de la vida humana en la que el hombre tiene diferentes obligacionesque cumplir y para las cuales deberá estar preparado. No olvidemos la familia: Padre, Madre e Hijo, trinidad perfecta cuyo equilibrio mantendrá también equilibrada la sociedad y cuyo desequilibrio será fatal para la colectividad humana.

 

Simbólicamente el Maestro de la Virtud expiró a las tres horas de la tarde, después de 33 años de vida. Tres son los enemigos siempre presentes que procuran devorar al verdadero masón: la profanidad, la superstición y la carnalidad. La primera escarneciendo los misterios de la Orden, la segunda invirtiendo el sentido de nuestros símbolos y la última volviendo al hombre semejante a los animales e incapacitándolo para los pensamientos elevados y nobles.

 

El Maestro de la Virtud sufrió tres violentas caídas en su marcha hacia el Calvario, a fin de mostrar a sus secuaces que el hombre, aun el más perfecto, no resistiría el peso de su cruz si no cuenta con el auxilio y la ayuda de sus hermanos. Eso viene a probar la necesidad de nuestra más completa unión para que podamos servir de cirineos los unos a los otros.

 

Los tres puntos recuerdan al masón que él está formado de elementos animales, vegetales y minerales y que para conservar el equilibrio de su naturaleza no debe olvidad que ante el mineral y el animal hay un intermedio indispensable, el vegetal, que debe predominar en su alimentación y en su vida, para que pueda gozar de salud y de equilibrio mental. Los tres puntos enseñan al masón que debe ser un hombre con Fe, un hombre con Esperanza y un hombre con caridad. Fe en la eterna supremacía de la Verdad, Esperanza en el cumplimiento de las leyes supremas que rigen el Universo y Caridad en el amor para con sus hermanos, hijos del mismo Padre Supremo, originados del mismo Principio Creador. Los tres puntos nos recuerdan también que el masón es un constante protector de la mujer que es Madre, Esposa e Hija, representando los tres estados de su paso por el mundo y sirviendo siempre a la creación, formación y sustentnación de la raza humana. Recuerdan también las tres razas fundamentales de la humanidad: la blanca, la negra y la amarilla que, a pesar de su conformación diferente, expresan también la unidad fundametnal del ser humano, proveniente del mismo Principio Creador, resultado del mismo poder cósmico que circunda el Universo.

 

Esos tres puntos también nos recuerdadn la flaqueza humana, que uno de los discípulos del Mestro de la Virtud, Pedro, lo negó tres veces jurando hasta que no le conocía; así tendrá el masón la certeza de que por grande que sea ésta no podrá nunca confiar totalmente en la naturaleza humana que está sujeta a innumerables flaquezas, debiendo por esto fortificar constantemente su volutnad y su virtud. Los tres puntos nos recurdan constantemente los deberes que tenemos con Dios, para con nuestros semejantes y para con nosotros mismos. De aquí se desprende el código moral de nuestra vida que así será siempre digna y correcta, pues El es el modelador del hombre virtuoso, bueno y prudente.

 

Y así llegamos al final de esta breve pieza de arquitectura sobre uno de los más extensos símbolos de nuestra Augusta Institución, pero siempre recordemos que ellos nos enseñan la totalidad de nuestros deberes y al mismo tiempo la gloria de nuestra vida de masones.

 

Tres logias formaron en los tiempos modernos la primera Gran Logia, y dieron origen a todo el mundo masónico en la actualidad. Los tres puntos son, por lo expuesto, un emblema maravilloso capaz de ejercer sobre nuestros espíritus la más fascinante atracción, elevando nuestro pensamiento hacia la Triada Suprema que sustenta el Universo.”[1].

 

 

Vida, verbo, luz. Padre,  hijo y Espíritu Santo. Unidad, Dualidad y Trinidad. Las tres Luces de la Logia. Las tres Luces Menores del Altar. El pasado, presente y futuro. La vida, el verbo y la luz. Lo justo, lo bello, lo verdadero. La sabiduría, la voluntad  y la inteligencia. El nacimiento, la vida y la muerte. La infancia, la juventud y la vejez. Padre, Madre e Hijo. Profanidad, superstición y carnalidad. Animales, vegetales y minerales. Hombre con Fe, un hombre con Esperanza y hombre con caridad. Mujer que es Madre, Esposa e Hija. Razas blanca, negra y la amarilla.

 

Son sólo ejemplos de triadas que imparten significado a esos tres puntos que cotidianamente encontramos en el mundo profano cada que recibimos un documento o tenemos la oportunidad de presenciar el momento en que alguien estampa su firma. Siempre me pregunté ¿Qué significado tendrán esos tres puntos?, ¿Será que cualquier persona puede plasmarlos en su firma?

 

Desde el aprendíz punto de vista, hoy puedo decir que ya no es igual la gracia que le encuentro a la unidad, porque es íntima e individual, aunque en ella podemos establecer un diálogo reflexivo con nosostros mismos. Que la dualidad impregna diferencia ya que tenemos la oportunidad de escuchar otro punto de vista y confrontarlo con esa reflexión que hicimos dentro de nuestra individualidad, pero la perfección y la alegría llegan cuando encontramos ese tercer elemento que permite que todo se complemente y encontremos una conclusión perfecta, una sinergia de esos tres aspectos que acabamos de estudiar.

 

Hoy recuerdo una conversación pasada con la V:. M:., en la cual con pasión me explicaba el significado del numero 3, y puedo confirmar que estaba en lo cierto respecto de su importancia en el ritual que como aprendíz he podido presenciar en las tenidas. Trés son las velas, los golpes que se le dan a la puerta, los principios que impulsan la logia (Libertad, Igualdad y Fraternidad), la veces que presiono la mano de mi hermano Masón para que me identifique. Ese trés, es perfecto y nos acompañará por el resto de nuestras vidas como masónes, motivo por el cual esta plancha nos permite apropiarnos de su significado, mismo que no puede simplemente resumirse o materializarse estampando los tres puntos en mi firma como signo de pertenecer a una logia masona.

 

Por lo que voy a escribir puedo pecar, primero, por afirmar sin conocer, y segundo, por sugerir sin antes haber indagado, pero quisiera que ustedes hermanos, dentro de su individualidad se respondieran, ¿como Maestro, pongo los tres puntos en mi firma habiendo interiorizado plenamente su significado?, ¿Soy concientes de la responsabilidad al usarlos?. Luego, como muestra de dualidad, y por la importancia del tema, debemos compartir esas reflexiones y para completar esa triada, hacer las conclusiones generales que surjan de discutir el tema.

 

Si en la vida masónica practicamos el significado de los tres puntos, más que un signo de identificación, son un emblema tatuado en nuestra conciencia para aceptar al otro como hermano ya que compartirmos y practicamos los mismos principios así nuestras concepciones sobre ellos sean divergentes. Estamparlos en nuestra firma, se convierte en un sello personal de principios, de integralidad humana y de capacidad de ponerme en el lugar del otro, son una garantía de que quien los usa, si bien conoce la individualidad, convive en la dualidad y vive para la humanidad como tercer elemento de ese triángulo perfecto que se forma de su unión.

JDO
AM:.




[1] “Normas Instructivas para Aprendices, Humberto Acosta, Editorial Memphis, Mexico, 1963”.
 

jueves, 21 de agosto de 2014

REFLEXIONES ACERCA DE LA PAZ

La paz como constructo histórico de la sociedad revela para los seres humanos la imperante necesidades de propiciar acuerdos entre las tensiones que se presentan en los individuos como generadores de universos simbólicos diversos, a través de la cultura, los paradigmas, el propio sistema de valores que se inserta en la sociedad como producto de rasgos compartidos más allá de la diversidad y la pluralidad.

Todos ellos presentes en esferas privadas y públicas que requieren de sustento político y social para su pleno desarrollo; esto es, la paz en todas las esferas de la vida humana como valor supremo de la existencia debe ser a la vez fin y medio para la convivencia y debe a su vez generar posibilidades y oportunidades para la construcción de un ser humano libre pensador y consciente de su posición en el mundo.

La paz entonces no es la ausencia de la guerra, va más allá, es un valor que se contrapone a la violencia estructural y cultural, a aquella que se genera en la relación entre el poder y la autoridad, para exponerse en la intimidad del ser humano y el desarrollo de sus capacidades individuales y sociales.
Fanatics of Tangier, 1838,Minneapolis Institute of Arts

La paz está íntimamente ligada a aspectos tales como la libertad, desde donde el sujeto está en autonomía de experimentar la realidad como posibilidad de comprender las diferentes dinámicas de la existencia para relacionarse con ellas, respetando, comprendiendo y aceptando las diferencias existentes, así como el cambio que surge de la comunión con los otros. Así mismo las capacidades de aplicación de valores humanos entre los cuales se encuentra la justicia, el respeto,  la tolerancia y la verdad son producto de la educación; la cual en su sentido más primario construye un sujeto participante, estimulado para operar desde una identidad autónoma, que distinga y se aleje del egocentrismo y de las presiones externas a través de la comprensión y el desarrollo integral que incluye su afectividad y cognición. Este aprendizaje sin duda implica la propia capacidad para permitir el disenso y el entendimiento mutuo viendo la realidad como un todo sobre el cual se puede actuar.

La masonería ofrece un método que a lo largo del tiempo ha buscado el desarrollo personal de hombres y mujeres respetuosos de las opiniones contrarias a través de la aplicación efectiva de la tolerancia o la capacidad de aceptar el pensamiento del otro y de los otros que como él o ella son parte de la vida; la tolerancia es el resguardo de la libertad de pensamiento, de creencias, del respeto y del progreso de la sociedad; el método masónico invita a sus participantes a la búsqueda de la verdad en los contextos de la educación, como factor del progreso y la formación del pensamiento crítico libre de todo dogma y de todo fanatismo; el método masónico permite el desarrollo de la razón a través del develamiento de la naturaleza de las cosas en su entendimiento y respeto con arreglo al progreso individual que en fin último contribuye al progreso de la humanidad.

La masonería busca el humanismo como fuente capaz de divergir el interés personal y social para la preservación de la vida humana en condiciones de igualdad, libertad y fraternidad.

La masonería invita a sus miembros a operar sobre la base del conocimiento, el cual estructura esquemas mentales sobre la actuación del sujeto como persona activa en el trabajo de la experiencia y la investigación que generan nuevos modos de ser y maneras de comportamiento. La realidad que implica una mirada lógica y crítica de los diferentes contextos sociales y sus especificidades. El conocimiento se estructura como eje dinamizador de las relaciones entre el sujeto- la experiencia y la realidad.


Preguntarnos entonces ¿Qué somos capaces de ser y hacer los seres humanos para contribuir, aportar y experimentar la paz como valor supremo de los derechos de los hombres y las mujeres? Es una reflexión que debe desarrollarse de manera individual y colectiva al interior de nuestros talleres como el conjunto de oportunidades a las cuales queremos acceder en la realización personal y social. 

AMA
M:.M:.
V:.M:.

jueves, 3 de julio de 2014

La didactica del metodo masonico


El método masónico alegórico y simbólico por excelencia, sigue estando vigente a pesar de los drásticos cambios de contexto a los cuales se ve expuesto, y de los cuales se reviste para incursionar en una modernidad de desafíos y de retos intelectuales.

El origen humanista y social de la masonería apunta hacia un abordaje particular del conocimiento y de los modelos estructurales de pensamiento que ponen al ser humano y a su dinámica social en el primer plano de estudio y de intervención, siendo la transformación personal de cada uno de sus miembros el paso fundamental para el cambio colectivo.

Mucho se habla entonces, del método masónico y de su manera singular de operar, permeando el modo en el que nos apropiamos de los conceptos y la manera en que los aprovechamos en bien de la construcción de nuevas propuestas de desarrollo.

No obstante y aunque el conocimiento es evolutivo y dinámico, el método masónico continua insistiendo en una forma de aprendizaje basada en la interpretación de símbolos y rituales que persisten en el tiempo y que evocan tiempos pasados y misteriosos.

Por su parte, el aprendizaje es una construcción consiente en torno a situaciones del mundo que nos lleva a elaborar idealizaciones de la realidad a través de representaciones, haciendo uso de las habilidades del pensamiento. Estas representaciones son las ideas que elaboramos o replicamos y que permiten configurar modelos desde los cuales escribimos, interpretamos, explicamos, predecimos, evaluamos y creamos nuevo conocimiento para interactuar en contextos sociales y naturales.

A lo largo de la historia del método masónico y sobre todo, en los últimos años, han aparecido diversas posturas en cuanto a la pertinencia de un desarrollo didáctico estructurado de la forma de acceso al conocimiento  que ofrece nuestro sistema de enseñanza, y al tipo de proceso que se debe llevar a cabo desde el primer grado simbólico.

En este aspecto debemos tener en cuenta que el conocimiento es amplio y que la profundización en ciertos aspectos y ciertas ramas de la ciencia es inevitable. Por lo tanto cada uno de los iniciados en un universo de saberes, experiencias y vivencias que hace que la estrategia metodológica deba ser flexible y adaptable a las personas y sus contextos.

Ahora bien, la controversia crece cuando se habla del tipo de acompañamiento a los iniciados en su proceso. Desde el punto de vista didáctico hay tres componentes planteados por Chevallard que conforman un triángulo donde, en los polos están situados: el saber, el maestro y el aprendiz y en su centro se ubica el conocimiento, siendo este, el resultado de la interacción de sus tres componentes fundamentales. El papel de cada uno es definitivo para llegar a un proceso de desarrollo cognitivo que pueda ser operativo en la realidad, pero ¿Cuál de los tres es el más importante? Teniendo en cuenta que 1. El saber puede ser tan complejo o tan simple que el aprendiz podría confundir el camino a su abordaje 2. El maestro puede influir de diversas maneras sobre el proceso de aprendizaje y puede sesgar el descubrimiento de lo esencial y 3. El aprendiz podría iniciar su formación sobre bases poco estructuradas y en ocasiones erróneas.

La masonería ha explorado diversas formas de dinamizar este triángulo, común a todas las formas de aprendizaje, y ha intentado crear un camino hacia la transformación del saber en conocimiento colectivo, útil para la propuesta de desarrollo que trae implícito un método poco neutral en aspectos políticos, sociales y de acción para un mejor futuro.

El papel del maestro masón en esta estrategia de aprendizaje del conocimiento está enfocado en coadyuvar en el proceso de apropiación de la simbología como medio de racionalizar los fenómenos humanos y su impacto en el contexto propio y grupal.

¿Qué tanto se debe influir en el proceso de apropiación de las alegorías masónicas?

Hay diversas posiciones al respecto que van desde una tendencia conductista donde los maestros son dueños de la verdad y poco a poco van entregando su conocimiento a los iniciados, no sin antes aplicar métodos evaluativos estrictos enfocados a descubrir las debilidades del proceso, hasta una tendencia enfocada netamente en el aprendiz, donde este por sí solo, descubre los significados que cree apropiados y construye un imaginario sobre la masonería que en ocasiones está basado en la observación de conductas, discursos y rituales.

Por ahora quedan muchos interrogantes que se podrían discutir a la luz de las teorías iniciáticas, filosóficas y educativas como por ejemplo el constructivismo social, el postmodernismo y los modelos interestructurantes de enseñanza.

Lo que si queda claro es que la masonería es un método aun valido y vigente que gracias a su continua evolución ha podido mantenerse vivo y que nos enfrenta al análisis de su eficacia día tras día.
GGC
PV:.

domingo, 25 de mayo de 2014

REFLEXIONES SOBRE EL SER Y LA ÉTICA



 
A lo largo de la historia, los seres humanos hemos buscado incansablemente respuestas para nuestra existencia, hemos deseado saber de dónde venimos, quién nos creó, como surgimos en el mundo,  por qué y para qué estamos presentes en él; hemos construido historias míticas a dichas respuestas y buscado seres superiores a nosotros que le den sentido a una vida que está enteramente traspasada por la incertidumbre; por la necesidad de sentirnos inmortales, infinitos, insufribles y trascendentes. Pero nos hemos dado cuenta (aun resistiéndonos) que estamos abocados a la fragilidad, a la finitud, necesitamos protegernos de los peligros que nos acechan, del sufrimiento que causa saberse incompleto, relativo, circunstancial; corpóreo.
La muerte de Lucrecia
Eduardo Rosales

Somos seres historizados, llegamos a un mundo que hemos heredado a partir de la gramática, del lenguaje, no como primeros seres sino como el compendio de lo que vamos siendo, incompletos en el discurso y en la acción; fracturados e insatisfechos con la herencia, intentando deshacernos de la presencia extraña que habita nuestra existencia desde el principio.

Los seres humanos nos debatimos entre dos frentes vitales el mundo y la vida, nuestra vida que es un mundo, que trasciende al mundo y está más allá de él y la vida que está en permanente deseo de transformación, una vida que no encaja y que a su vez es deseo y posibilidad insatisfecha. Nos configuramos desde las relaciones de situaciones heredadas, por eso somos pasado y aunque no podemos dejar de comenzar ya hemos comenzado (ya nos han comenzado) y nos reconfiguramos y re contextualizamos en el presente.

Nuestra finitud y corporeidad nos define como tiempo y espacio, como herencia y deseo, como tradición y como innovación, como nacimiento y muerte [1] por esto somos acción y reacción que trasciende al cuerpo pero que sin duda surgimos de él; por esto la idea metafísica de que hay algo en el mundo de orden substancial y eterno por fuera de la propia corporeidad sitúa a su vez al ser por fuera de la trascendencia, del espacio y del tiempo, en la promesa eterna y divina que no se adquiere en la vida, sino que se encuentra en el espíritu infinito de bondad.

Desde la corporeidad los seres humanos vivimos en contingencia, estamos a merced de la imprevisibilidad que nos proporcionan los acontecimientos y los sucesos, que provocan en mayor y menor grado rupturas, brechas insoldables que nos reconfiguran, después de un acontecimiento no somos los mismos, acaecemos en la transformación y nada vuelva a ser como antes. Somos una respuesta al acontecimiento en un sinfín de posibilidades que se sitúan ahí, justo en el acontecimiento, de una o de otra manera.

Los seres humanos tan humanos, hemos determinado normas y acciones que nos preparan para la amenaza de los acontecimientos, que nos dictan los comportamientos para enfrentarnos a ellos y aún para distanciarnos de ellos, para escondernos de ellos; convenciones colectivas que desdibujan la reacción a través de “ámbitos de inmunidad” o máscaras protectoras que sirven de soporte a la estabilidad del orden establecido. Una moral que obliga.

Pero los acontecimientos, extraños, impredecibles, incontrolables, nos conminan a reacciones igualmente extrañas, impredecibles e incontrolables que nos ponen frente a la acción de las contingencias y su dominio, a la respuesta humana en espacios de cordialidad, entendiendo la finitud propia y de los otros más allá de la respuesta metafísica. Una ética que hace posible el entendimiento del sufrimiento como una presencia inquietante común a todos, una reacción compasiva al dolor que nos sitúa al lado del otro, y no en los pies del otro.

La compasión descansa sobre una antropología corpórea y contingente, ambigua, sombría y doliente, puesto que los acontecimientos nos obligan a la reacción, a una nueva esfera que se inscribe en dejar de ser lo que hasta ese momento se es, para conocer otro que está en la perplejidad del sufrimiento. La ética entonces es reacción libre, del cuidado de sí mismos y de los otros, es la responsabilidad de asumirse en el espacio de la intimidad, como una libertad creadora de la historia y la gramática de los acontecimientos, la ética de la compasión es el entendimiento de la muerte, como el proceso más factible, certero, imprevisto e inesperado; la ética de la compasión encuentra sentido en la muerte, no en la propia, sino en la del prójimo, porque la muerte del otro afecta en la identidad, es un acontecimiento que me deja en falta, desprovisto, transformado.

La ética contempla al sufrimiento, porque este es parte ineludible de la vida, es el aprendizaje desde el cual se convive con la inquietud, con ese sentimiento en su posibilidad; se sufre por la experiencia de las contingencias, por el deseo, por la muerte, por el aburrimiento. La relación ética es ineludiblemente una relación de nostalgia; el sufrimiento causado por el deseo de regresar, la ética de la compasión está íntimamente ligada a la tensión entre el pasado y el presente, es una práctica reflexiva de la libertad, desde donde el ser humano se sitúa no en el deber ser, sino en la vulnerabilidad de él mismo, en la búsqueda inagotable de la felicidad.


El buen samaritano
Vincent Van Gogh
La ética de la compasión, es la ética de la situación: los seres humanos estamos en situación, estamos al límite insoportable, por esto buscamos alternativas, desesperarnos, ocultarnos, resignarnos para minimizar el dolor; para la vida humana estar en permanente tensión es un tender hacia… una metamorfosis del ser,  la ética de la compasión es una praxis del dominio de las contingencias.

El sufrimiento entonces se convierte en un permanecer en las insatisfacciones de las personas, sufrimos por amor, por miedo, por celos, por angustia, por envidia, por avaricia, por enfermedad, por el hastío. Permanecemos como un péndulo entre el dolor y el aburrimiento, entre la incompletud y el hastío. Tan pronto conocemos la felicidad, llegamos a su culmen, hemos de buscar en el sufrimiento otra incesante búsqueda. Pero la cuestión no radica en desaparecer el hastío o el sufrimiento, la cuestión está en cómo situarnos en el mundo, en cómo enfrentamos  la vida, en cómo elaboro mis propios relatos para que ellos construyan mi realidad, la ética de la compasión reconoce los límites del propio ser, no lo sublima, no lo proyecta a una metafísica del espíritu que busca su bálsamo en el brazo de Horus, la ética de la compasión no nos evita el dolor, nos pone de cara a él para que con nuestras propias herramientas y en la libertad de nuestra propia vida actuemos, vivamos y cambiemos. La ética de la compasión no se inscribe en paradigmas y estereotipo, permite, acompaña sin obligación, sin norma y con plena conciencia, la ética es el propio sentido de la vida.

 

Es mi palabra
AMA
M:.M:.


[1] Mélich, Joan-Charles, ética de la compasión, Herder editorial, 2010,  p 23

lunes, 31 de marzo de 2014

CONFERENCIA DE LA M:.P:.S:.G:.C:.M:.IL:.Hna:. Yvette RAMON


CONFERENCIA DE LA M:.P:.S:.G:.C:.M:.IL:.Hna:. Yvette RAMON GR:.MAESTRE DE LA ORDEN, DIRIGIDA ESPECIALMENTE A PROFANOS Y HH:. DE OTRAS OBEDIENCIAS EN SU VISITA A COLOMBIA

 


Conferencia de la M:. P:. S:. G:. C:. Gran Maestre Yvette Ramon

Dirigida especialmente a profanos y HH:. de otras obediencias en su visita a Colombia



¿Por qué ser francmasón en el contexto actual y más particularmente de Le Droit Humain - El Derecho Humano: y Qué puede aportar tal compromiso?1

Primero que todo ¿qué es Le Droit Humain – El Derecho Humano?

Quienes me han preguntado, esto hace ya algunos años, sobre cuál era ese compromiso que había suscrito, yo no quería decir demasiado; afirmaba que quería trabajar de buena voluntad para una organización humanitaria, lo cual no es del todo un hecho exacto, que mi elección era voluntaria, un poco con temor ante los demás de revelar demasiado lo que consideraba personal.

Le Droit Humain – El Derecho Humano fue creado en el año de 1893 por dos personas: Georges Martin, médico y senador de París, y María Deraismes, conferencista, republicana comprometida con la defensa de los derechos de las mujeres; quien a fuerza de haberse movido en incesantes batalles ante las obediencias existentes -masculinas evidentemente para la época-, solicitó que la iniciación se realizara en una logia que sostuviera la igualdad de trato entre hombres y mujeres… Y pasó a fundar en compañía de Georges Martín una Orden Mixta, que permitiera a todos el acceso a la Iniciación masónica, ya que esta estaba reservada exclusivamente al género masculino desde los comienzos del siglo XVIII, porque, en efecto, no podían ser masones en aquella época ni las mujeres, ni aquellos a quienes llamaban libertinos no creyentes. Los dos fundadores de Le Droit Humain - El Derecho Humano desde su comienzo a finales del siglo XIX, crearon, al margen de las obediencias masculinas, una Orden Mixta que rápidamente se convirtió en internacional, la que desde los inicios del siglo XX ha permitido a todos los miembros que trabajan en su seno, hombres y mujeres, acceder con igualdad de condiciones a todas jerarquías y responsabilidades de la Orden.

El DROIT HUMAIN es por lo tanto, una organización masónica que tiene tres características: 1) Es una Orden, lo cual significa que cada uno de sus miembros, desde su evolución personal y por su trabajo, asciende en sus grados durante su carrera masónica; 2) Es Internacional; 3) es Mixta.

¿Por qué ingresar a Le Droit Humain – El Derecho Humano y por qué permanecer allí?

Las motivaciones de todos los candidatos para ingresar a nuestra Orden son tan variadas como los individuos mismos. Al examinar las motivaciones de aquellos que llamamos “profanos” -que están fuera de la Orden- podemos señalar las siguientes:

  • Conocer personas de todos los orígenes, de toda la gama de proyecciones profesionales o personales, para discutir los temas vitales de la actualidad.
  • Desarrollar el potencial que percibimos en su vida personal sin ningún juicio, ni presión alguna.

La Francmasonería desde sus inicios, que remontan a la primera mitad del siglo XVIII, había sido creada en Inglaterra por hombres de buena voluntad, diferentes por su cultura y sobre todo, por su religión: unos católicos y los otros protestantes, quienes habían decidido unirse fraternalmente, en torno a un Ritual de trabajos, para intentar encontrar los medios de silenciar las armas en el Canal de la Mancha entre las diferentes facciones cristianas.

Le Droit Humain - El Derecho Humano, 150 años después de la creación de la Francmasonería, se construyó esencialmente sobre un proyecto ambicioso y completamente utópico para 1893: permitir el ingreso de hombres y mujeres en igualdad de condiciones; y juntos trabajar con un método Ritual permanente, permitiendo a cada uno el poder progresar y a la vez encontrar los medios para hacer progresar la sociedad.

Nuestra Orden se construye relativamente rápido. Los principios y las reglas básicas de Le Droit Humain – El Derecho Humano quedaron establecidos desde 1920, fecha del primer Convento Internacional, que es una especie de congreso internacional. En cada uno de los Conventos Internacionales que han tenido lugar después y que actualizan las reglas, en función de los avances y progresos de la Orden, se han expresado los principios fundacionales, los que son inmutables e intangibles:

  • La afirmación de la igualdad del hombre y de la mujer, sin distinción alguna, de orden social, étnico, filosófico, religioso.
  • El proyecto de establecimiento -a través del método masónico-, de la justicia social, en una humanidad organizada en sociedades libres y fraternales.
  • El respeto a los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad y Laicidad.
  • El respeto a la Libertad absoluta de conciencia de cada individuo.

Los objetivos de Le Droit Humain - El Derecho Humano son claros, ambiciosos, pero resulta evidente que ellos aún están lejos de ser una realidad terminada.

Desde el siglo XIX hasta las 2/3 del siglo XX, podíamos tener proyectos precisos, las posturas eran claras, ya fueran ellas progresistas o conservadoras, los conocimientos eran más fácilmente abarcables, porque había menos aspectos y variantes que en la actualidad.

Después de los finales de los años 1970, la evolución que existía antes se volvió más visible, pero menos palpable y también menos accesible para la mayor parte de la población. La globalización es una realidad que uno debe tomar en cuenta. El ser humano tiene hoy dificultad para adaptarse a una evolución que no corresponde con la de su naturaleza.

Además, los modelos sobre los cuales las sociedades son construidas presentan debilidades, limitaciones e inhumanidad. Los problemas que creíamos en proceso de solución reaparecen como virus olvidados que han mutado, con más vigor y mayor complejidad: desempleo, racismo, esclavitud, inseguridad. Las tecnologías actuales permiten ciertas ventajas de rapidez, pero su dispersión y su acceso no es siempre sencillo y prácticamente resultan imposibles para las poblaciones pobres, indigentes, todavía en desigualdad.

No es necesario tener muchos diplomas para darnos cuenta de que el modelo que funciona en la mayor parte del mundo se ha vuelto obsoleto, y los auges económicos, financieros, las crisis sucesivas, lo mismo que los remedios no son más que “paños de agua tibia” completamente inapropiados, peor aún, destructivos en el corto y mediano plazo; los sistemas de regulación para esos agentes han resultado ineficaces.

Arriesguémonos a una comparación biológica: todos los organismos vivos necesitan energía para crecer y vivir. Esta energía es suministrada por los azúcares. Cada azúcar está compuesto de moléculas que se pueden romper, formando también otros productores de energía. En una levadura el elemento indispensable es la fermentación, por lo tanto pasa a la creación de muchos otros organismos vivos; esta producción dura aproximadamente seis horas y la energía es redistribuida, como moneda de cambio, que puede ser reinvertida en otros lugares. El equilibrio respeta el bienestar, cada quien no toma más que la energía indispensable, el resto es enviado a los otros organismos. Sin embargo, sólo una bacteria, sólo una célula, podría desarreglar y romper este conjunto, ya que sólo toma unos pocos minutos a esta bacteria utilizar y almacenar la energía para sus propias necesidades, a pesar de que esto último no son necesidades. El equilibrio estaría roto y la reinversión imposible. La comparación es tentadora para quienes se encargan de examinar el sistema económico que rige en el planeta.

En su época, en los años setentas del siglo pasado, Aleksandr Solzhenitsyn escribía que los sistemas económicos y las teorías más generosas estaban pervertidos por el egoísmo y la avaricia.

La economía no es la única variable; sus causas, lo mismo que sus consecuencias son inmorales. Esa conducta se desplaza y se instala en la moral y en las necesidades del momento que se ejecutan sin mirar atrás.

Es así como la masonería, especialmente la de Le Droit Humain – El Derecho Humano tiene un importante rol a jugar:

En efecto, el ingreso a la masonería exige de cada uno, para poder ser creíble, una altísima concepción de una moral a la vez personal y colectiva. Para los profanos, para aquellos que se unan a nosotros, les puede parecer que una institución que ha nacido hace 120 años pueda estar completamente obsoleta, sobre todo después de los progresos de los últimos 50 años.

Nuestros fundadores eran ciertamente visionarios al final del siglo XIX, al crear una masonería Mixta e Internacional; pero si nosotros tenemos el mismo entusiasmo que Ellos, no deberíamos ahora dejarnos sobrepasar por el tiempo.

Reunieron y siguen reuniendo en el seno de Le Droit Humain – El Derecho Humano a personas diferentes para reflexionar y actuar sobre el desarrollo y el mejoramiento personal y a la vez sobre el progreso material, moral, intelectual y espiritual de la humanidad. Desde los comienzos de la Orden, existe un deber por lo humano de tomar parte en lo universal.

A diferencia de otras obediencias masónicas, la Orden ha elegido trabajar en la convergencia de los aspectos relativos a la sociedad y al individuo. El trabajo masónico de Le Droit Humain – El Derecho Humano está apoyado en una base, en un Rito; los Rituales son los mismos desde los comienzos de la Orden, y por un método.

Para los profanos presentes en este lugar, las palabras Rito y Ritual pueden parecer sospechosas, de difícil comprensión, por lo menos curiosas. Todos los Francmasones se reúnen en torno a un Ritual, una manera de preparar el trabajo conjunto, según una costumbre que data desde los orígenes de la masonería.

Para hacer una comparación ciertamente un poco simplista: cada noche, vosotros dormís a los niños o a los bebés, de la misma manera, de modo que no sean perturbados, para protegerles y hacerles comprender la necesidad de dormir para prepararse para el día siguiente: bañarse, cepillarse los dientes, hacer la lectura de un cuento, expresar dulzura, afecto y el niño pasará la noche sin preocupación.

Por otras razones los francmasones han decidido reunirse siempre de la misma manera en apego a sus tradiciones, comenzando y finalizando los trabajos de manera inmutable, formando el Ritual. Dentro de este Ritual utilizan un conjunto de símbolos que representan a la construcción, como la escuadra, el compás, la plomada, o que simbolizan al universo como la luna, el sol y las estrellas.

El Ritual prevé también la participación activa en los trabajos, por ejemplo en la presentación de un trabajo de reflexión, éste está sujeto al mejoramiento eventual por parte de los participantes. Uno no puede hablar de manera descuidada o para interrumpir. Existe un modo de dirigirse al auditorio, una forma de portarse, pero lo cierto es que podrá expresarse el tiempo que le sea necesario, sin interrumpirle la palabra, hasta que haya expuesto completamente su pensamiento y sin temor alguno de ser juzgado por lo que afirme.

Existen diferentes ritos, pero todos tienen un punto común: poner a los miembros de la Logia en confianza; a conectarse a través del Ritual con todos quienes le han precedido y a todos los que le seguirán en el porvenir; les permite reflexionar juntos sobre el significado de los gestos y de los objetos de acuerdo con su percepción.

Nuestro Rito que se llama R:. E:. A:. A:. es una síntesis de diversas tradiciones pero ninguna predomina sobre otra: tradiciones de constructores, tradiciones mediterráneas a saber: hebraica, egipcias, cristianas, templarias y también hace concesiones y préstamos de tradiciones más orientales. Pero ninguna es superior a la otra; ellas deben ser abordadas con un amplio espíritu de apertura, abriendo de este modo un campo de conocimiento para completar de manera personal, que conectará a los seres humanos cuales quiera que sean sus creencias, sus opiniones filosóficas, en torno a lo que se descubra como valores humanistas universales. Este rito permite a todos los HH:. y HHa:. trabajar juntos en las Logias, sean creyentes, ateos o agnósticos.

Nuestro Método es adogmático: él no impone nada, ni sugiere la profundización personal de lo que se aborda y permite sobre todo a cada uno forjar una espiritualidad completamente personal. Su simbolismo no contiene doctrina ni imposición alguna, no es más que el soporte para introducir la reflexión que limita de una parte las pretensiones de la razón que puede ser vista esterilizante y de otra parte las extrapolaciones invasivas que conducen a deducciones de toda clase, ellas también estériles para liberar el pensamiento. El Trabajo llama a la inteligencia, al intelecto, a la intuición, a la creación, al conjunto de maneras de filosofar. El objetivo no es formar una élite intelectual, sino más bien permitir que los hombres y las mujeres que piensan que la humanidad es posible de perfeccionar se conviertan en actores libres y autónomos en sus decisiones.

Si nosotros somos libres debemos darnos los medios de participar, con otros hombres y mujeres, masones o no, en la evolución de nuestras sociedades hacia un mayor humanismo y solidaridad. La familia humana es una, y es necesario abrirle caminos de Libertad, de Igualdad de Fraternidad. Le Droit Humain – El Derecho Humano promulga y defiende la libertad absoluta de consciencia; ello es necesario para reconocer a todos el derecho de salir de sus fatalidades, ya sean culturales, territoriales, sociales o religiosas.

El reconocer no es suficiente, los engaños ya no deben estar en las agendas, porque cada uno sabe que, por ejemplo, el desempleo genera otros males contra los cuales las lecciones de moral carecen de utilidad alguna.

Las sociedades tienen el deber de reflexionar para tratar de detener las espirales de problemas en las que el estado se declara impotente. Nosotros tenemos la oportunidad, como Le Droit Humain – El Derecho Humano de ser una Orden Internacional. Dentro de cada uno de los países, donde nosotros estamos arraigados, de constatar los efectos de las políticas improvisadas e incoherentes.

El 5 de noviembre pasado (2013), los HH:. y las HHa:. expresaron ante los presidentes de la Comisión y del Parlamento Europeo las grandes preocupaciones, pero también han formulado propuestas, tal vez simbólicas, para que estos organismos, lejanos para los ciudadanos europeos, sean más visibles y más comprensibles. Nosotros igualmente hemos señalado la desesperación de nuestros HH:. y HHa:. que sufren en Grecia, en Portugal, en España, en Francia, y piden que sean revisadas las políticas de austeridad del gasto. Resulta lamentable que los lobbies religiosos, más especialmente, y también los que son financiados por las multinacionales influencien las instituciones y aíslen a los dirigentes en una forma de autismo de cara a las realidades.

Deben nacer otros modelos surgidos de la reflexión de todos; y donde los valores defendidos por Le Droit Humain – El Derecho Humano pueden ser el motor para que nuestras sociedades alcancen un mayor bienestar.

Somos testigos, actuando en ocasiones, observando en otras, pasivos a veces, de las evoluciones permanentes de la sociedad, pero todo el mundo está afectado.

Dos soluciones se nos presentan: 1) permanecer ignorantes ante los cambios, refugiarnos en nuestras logias detrás del confort intelectual y al amparo de nuestro Templo; 2) o tomamos en cuenta y reflexionamos juntos, con toda la humanidad, en las soluciones a poner en marcha.

Nuestro compromiso con los valores humanistas no deben confundirse con un movimiento político o sindical, porque cada uno de nuestros miembros en todas las latitudes actúa en la dirección que desea dar a sus opciones personales. Así, nuestros valores insisten en la defensa del Bien Común; en el respeto al otro; en la Dignidad del Ser Humano.

Hemos visto claramente que actualmente, ninguno de estos valores está presente. Cuales sean las opciones de cada quien, uno no puede dejar perdurar la situación de riesgo en la que se encuentra la tierra. Juntos, masones o no, debemos pensar, procurar los medios, y actuar, porque, como dice el refrán: “la felicidad no viene a los que esperan sentados”.

Actuar para garantizar la subordinación de la economía a valores que no son del mercado y dejar de convertir el trabajo en mercancía, las ocupaciones humanas no deben ser una fuente de beneficios. Existen las soluciones de la economía social, solidaria, pública…

Actuar para proveer puestos de trabajo, no empleos, que protejan a la tierra. Actuar para controlar; sin negar, las tecnologías actuales no para esclavizar sino para ayudar a progresar; Actuar a nivel asociativo, legislativo para que hombres y mujeres sean verdaderamente tratados como iguales. Actuar para que el Bien Común sea respetado; establecer un verdadero servicio público; no un servicio al público; brindar acceso para todos al agua sin la privatización, por ejemplo.

Actuar practicando el respeto del uno hacia el otro, en todas las dimensiones, para erradicar los sectarismos y los fundamentalismos.

Actuar para formar ciudadanos abiertos que sean capaces de escuchar al otro; de expresar las opiniones sin violencia, de participar en los debates, de practicar la responsabilidad ya sea ella individual o colectiva.

En el método masónico de Le Droit Humain - El Derecho Humano aprendemos a realizar el trabajo para el progreso, sin que se nos imponga influencias ocultas, porque, al abrigo de nuestras logias podemos todos abordar sin presiones, sin amonestación, sabiendo entender la diferencia con el otro que nos confronta para encontrar verdaderas soluciones humanistas a los agudos problemas a los cuales cada uno de nosotros se enfrenta. No somos ni contemplativos, ni sumisos, ni pasivos.

Esta es una utopía mayor a la que la sociedad está enfrentada; es la responsabilidad de los francmasones de Le Droit Humain - El Derecho Humano, porque ellos han prometido respetar los principios de la Orden, participar en esta asamblea de reflexión y pensamiento. No debemos estar solos en esta cantera planetaria.

Al intentar lo imposible podemos lograr el máximo posible, ha dicho Strindberg. A eso es a lo que estamos invitados.

1 Conferencia de la M:. P:. S:. G:. C:. Gran Maestre de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain – El Derecho Humano, el domingo 16 de marzo, en el hotel Royal Park de Bogotá, a las 19:00, ante un auditorio de profanos y de MM:. de diferentes obediencias.




jueves, 20 de marzo de 2014

El compas y la escuadra


Dos de las herramientas más antiguas y que resultan ser el ícono más representativo de la Masonería son la ESCUADRA y el COMPÁS. ¿Qué significan y por qué son tan importantes?

Por su parte, la Escuadra evoca a la mitad de un cuadrado, al ángulo recto, al triángulo que es la figura geométrica más sencilla y a la Tierra. Además, esta herramienta es un símbolo de sinceridad, lealtad, rectitud, justicia, disciplina y estabilidad, que a su vez, presenta ciertas restricciones o límites en términos de firmeza o rigidez representantes de las ataduras terrenales o esclavitudes que debemos superar para ser libres.

También puede decirse que somos libres en la medida que nos conocemos, autodominamos y somos conscientes de cada uno de nuestros actos, sabiendo comportarnos en la justa medida indicada por la escuadra: siendo sinceros, leales, justos, rectos y firmes siempre, en nuestra marcha, en nuestras palabras, en nuestros saludos, en nuestra postura, en la forma de desplazarnos, de sentarnos o de estar en reposo. De esta manera, la escuadra nos recuerda la importancia de la observación constante de nuestra conducta y el valor de la moderación, la prudencia y la discreción para lograr el perfeccionamiento en todas nuestras obras.

Por otro lado, el Compás es una herramienta básica para la arquitectura, ya que con ella se puede trazar el círculo, comprendido como una figura geométrica perfecta. Igualmente, este instrumento parte de un punto que se extiende a otro para formar la circunferencia, por tal razón, se vincula con la Unidad que conforma la base de toda creación y de nuestra capacidad creadora.

Dadas las características de complejidad de la circunferencia, el uso del compás también se relaciona con la necesidad del uso de nuestra Lógica y Razón para llegar a la perfección. De igual manera, este instrumento se relaciona con nuestra capacidad moral, con la conciencia que debemos tener acerca de nosotros mismos y de los límites de nuestra libertad, haciendo necesario el cumplimento de nuestros deberes, el cultivo de nuestras virtudes, el conocimiento de nuestros derechos y el control nuestra voluntad para no desarrollarnos dentro de los excesos, respetando nuestro espacio y el espacio de los Otros cada vez que hagamos el trazo perfeccionado del templo que buscamos ser. Es así como el compás también se vincula con el Cielo, siendo esta  una alegoría a la capacidad de trascendencia terrenal que todos tenemos, a la capacidad creadora que hay en cada uno y al reconocimiento de una ley superior.

Los masones nos encontramos entre Escuadra y Compás, entre el Cielo y la Tierra, en la búsqueda constante de la perfección.

Reflexionemos: ¿Qué otros significados podemos encontrar en la Escuadra y el Compás?, ¿qué es la perfección?