martes, 15 de agosto de 2017

El Mandil

La palabra mandil viene de la voz latina mantile y también se traduce como sinónimo de mandil, es un delantal que se coloca atado con un cordón a la cintura y que llega hasta los muslos; sirve para preservar los vestidos de los trabajos de los artesanos.
Es la representación del trabajo material, espiritual e intelectual del hombre que le permite desarrollar libremente todas sus actividades en bien de quienes le rodean y nos recuerda constantemente en logia.

Citando el libro de Génesis dice que Dios vistió de piel a Adán y a su mujer y los envió fuera del jardín del Edén “para que trabajaran la tierra”. Puede entenderse de esto que Dios dotó al hombre de cuerpo físico para que ejercitase, trabajase, sus cualidades divinas en la tierra.
Adan y Eva
Tiziano
Museo Nacional el Prado, Madrid

Ahora bien, por lo que respecta a las enseñanzas e interpretaciones simbólicas en Masonería, el Mandil tiene su origen desde las más antiguas costumbres hebreas y egipcias, en donde en principio se adoptó, para ser usado durante los trabajos materiales de edificios, monumentos, templos y demás construcciones de arte en materia de arquitectura, y su figura la observamos constantemente sobre los relieves de esas grandes obras de la antigüedad.

Como aprendiz porto el mandil blanco, y en este refleja así la buena voluntad y su pureza de intención: ha pedido la Luz, ha buscado la Verdad y ha llamado a las puertas del Templo y ese, su trabajo hasta ahora, es lo que acredita su blanco mandil. El blanco es representativo del trabajo, el dinamismo, la actividad y en general de todo aquello que indique la laboriosidad, el adelanto y el progreso humanos, por esa razón se le considera también como alegórico del día, es decir, de las horas que tarda el sol para recorrer el espacio, en su carrera de oriente a occidente.

Ahora lo conocemos como: espíritu revestido de materia que trabaja la tierra para plasmar en ella sus capacidades, que a través de este trabajo puede conocerse a sí mismo, pues ese mundo exterior puesto a su disposición reflejar a su vez de forma simbólica la propia esencia del hombre.

Es por esto que cuando el mandil se adhiere al cuerpo, este se sostiene por un listón, la cual forma un círculo con respecto al cuerpo, marca el límite de mis derechos, con relación a los de sus semejantes, para recordarle que únicamente debe hacer uso de los derechos que justamente le corresponden, los que no sólo debe hacer respetar, sino hacer que se respeten los de los demás, y si posible es, defenderlos en contra de quienes traten de arrebatarlos.



El triángulo de la babeta levantada, es decir que el triángulo que la forma se vea con el vértice hacia arriba, lo que en este caso hace que el contorno de dicha prenda afecte la forma de un pentágono, figura geométrica de cinco lados, quedando así el cuadrado en un símbolo más elevado, cuya forma afecta al plano de una de las caras de la piedra cúbica de punta, lo que indica claramente, cuál es el trabajo moral, material e intelectual que los aprendices deben principiar a ejecutar durante su misión en la lucha por dominar sus pasiones y sus malos hábitos.

Las definiciones de los tres vórtices que debo fortalecer se ven reflejados en las 3 cosas que debo controlar (Carácter, Lengua y Conducta) es por esto que el ignorante grita, el inteligente discute, y el sabio calla.                                                         

Es mi palabra
LVMP

Apr.·. Mas.·..

lunes, 7 de agosto de 2017

SOBRE LA COHERENCIA

Quisiera comenzar este discurso tomando prestado el siguiente fragmento de Joan Carles Mèlich, quien nos brinda un esbozo de nuestra condición humana en relación con el tema central del presente Tr:. Arq:.

“A menudo se ha utilizado la metáfora del viaje para expresar el trayecto de la existencia humana. Si hay viaje, si la existencia es un viaje, lo es porque la vida humana es transformación, y lo es porque es finita. Nos transformamos porque nunca estamos del todo acabados. Si fuéramos infinitos el presente se impondría de forma pastosa y la existencia sería insoportable. Podría parecer una paradoja, pero no lo es: la vida puede tener un sentido porque jamás tiene un único sentido, sino siempre sentidos diversos y diferentes o incluso contradictorios, y porque todo sentido está amenazado por el sinsentido. Es en estas contradicciones y transformaciones donde el deseo aparece con toda su fuerza e intensidad. Hay deseo porque nunca llegaremos a la meta de una vez para siempre. Cuando creemos haber llegado a buen puerto surgen el desencanto y la insatisfacción. No hay ningún puerto, ningún oasis que pueda saciar absolutamente los deseos humanos. La vida humana no consiste en encontrar la felicidad, sino en buscarla.”
Al respecto quiero manifestar que siento una gran afinidad con los postulados de los autores que mencionaré a lo largo de mi argumentación, por tal motivo será inevitable caer en subjetividades y posiblemente esto pueda despertar diferencias de criterio con alguno de mis QQ:.HH:., hecho que consideraría enriquecedor en aras de motivar el diálogo y la construcción colectiva en este escenario libre de posiciones dogmáticas y radicalismos.
La cultura es un constructo social que a lo largo de la historia ha sido reflejo de las costumbres, hábitos y la visión del mundo de los miembros de cada grupo social, y que a su vez ha servido como soporte para su desarrollo y devenir histórico, formando un ciclo en el que la cultura se alimenta de la sociedad, mientras que el desarrollo social es inherente a su cultura. Dado lo anterior podríamos decir que ambos conceptos tienen un carácter dinámico, por ende, todos los productos culturales entre los que se cuenta el lenguaje, así como su significación y asignación de sentido también poseen dicha característica móvil, que con el paso del tiempo ha adquirido una connotación mucho más voluble o como la llamaría Zygmund Bauman, una condición líquida.

Duelo a garrotazos "Las dos Españas"
Francisco de Goya
Museo del Prado - Madrid
La vertiginosa movilidad que hemos adquirido en nuestra condición de seres sociales, además de finitos, nos sume en la más profunda contradicción, situación que es acuñada por el mismo Mèlich quien asegura que “Porque somos finitos existimos «en dependencia»: «desde», «entre», «para», «a partir de», «frente a», «en relación con», «en contra de», «a favor de», «junto a»... No es lo categórico ni lo absoluto, lo claro y lo distinto, la coherencia y la fortaleza, lo que caracteriza fundamentalmente el modo de ser humano, sino lo circunstancial y lo preposicional, lo relativo y lo dativo, lo frágil y lo contradictorio”. Esto se debe a que, como especie racional, somos conscientes de nuestra finitud, vivimos constantemente en negación de nuestra condición finita y buscamos la trascendencia, bien sea a través de un legado cultural, o mediante la búsqueda constante de una relación con la deidad, cualquiera que sea nuestra idea de ella; situaciones que de alguna manera nos brindan seguridad y disuelven la angustia del final, ante la idea de una posible existencia perenne.

En este sentido, muchos de los conceptos culturales se convierten en elementos maleables, tal es el caso del concepto de coherencia, mencionado de manera reiterativa en diversos escenarios sociales, con acepciones tan contradictorias que podría considerarse incluso paradójico. A fin de sustentar esta posición, referenciaré nuevamente a Mèlich, quien en su Ética de la compasión describe nuestra condición humana de la siguiente forma:
“Nadie, nunca, es ni puede ser plenamente fiel a su pasado, a su tradición, a su herencia, a su mundo. La coherencia, la congruencia, la fidelidad al mundo no son atributos humanos. Allí donde lo humano hace su aparición surge también necesariamente la ambivalencia, la selección, el recuerdo y el olvido, la interpretación, la reubicación, los umbrales, las sombras y los crepúsculos..., la deserción. La condición humana es una condición desertora. Nuestra «fidelidad», decía Paul Celan, radica precisamente en desertar: «Sólo si soy desertor, soy fiel».”
Los postulados del autor en mención guardan estrecha relación con la siguiente descripción aportada por Paul Valéry, quien manifiesta:
“La interrupción, la incoherencia, la sorpresa son las condiciones habituales de nuestra vida. Se han convertido incluso en necesidades reales para muchas personas, cuyas mentes sólo se alimentan […] de cambios súbitos y de estímulos permanentemente renovados […] Ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para lograr que el aburrimiento dé fruto.
Entonces, todo el tema se reduce a esta pregunta: ¿la mente humana puede dominar lo que la mente humana ha creado?”
Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, me gustaría lanzar a mis QQ:.HH:. la siguiente pregunta, ¿Cómo seres imperfectos y creadores del concepto objeto de esta disertación, es posible para nuestra condición humana acuñar la existencia de algún producto cultural en el que no exista contradicción?, desde una perspectiva muy personal me atrevería a responder que no, e incluso yendo un poco más lejos, pensaría que la mayor incoherencia del ser humano radica en el hecho de creerse coherente, dado que esta posición implicaría el desconocimiento del cambio y una concepción estática e inalienable del ser, situación por demás hipotética y utópica, tal y como lo plantea Bauman, quien asegura que “cuando observamos a las personas que conocemos y sobre las que sabemos algo: “vistas a distancia, sus existencias parecen poseer una coherencia y unidad que en realidad no pueden tener, pero que al espectador le parecen evidentes”. Se trata, por supuesto, de una ilusión óptica.”.

Palas y el Centauro
Sandro Boticelli
Galería Uffizi - Florencia
Quiero ser enfático en que a través del presente Tr:.Arq:. no pretendo hacer apología a ningún comportamiento que atente contra la ética, tampoco pretendo ser poseedor de verdades absolutas. Simplemente hacer un reconocimiento a una condición que nos hace humanos, la razón es un motor que impulsa al pensamiento, herramienta de creación y gestión del cambio social, sin ella probablemente podríamos alcanzar la coherencia de la bestia, que obedece a su instinto sin sentirse perturbada por sentimientos de culpa y mucho menos por una necesidad de trascendencia, motivada por una inevitable perspectiva de la propia muerte.

Para cerrar, no me resta más que manifestar que la coherencia, concebida desde una perspectiva moral, actúa como un concepto cruel y opresor del cambio constante que opera en nuestro interior, implicaría aferrarse a concepciones de mundo estáticas, negando el principio del diálogo, que reconoce en el interlocutor a un ser válido, con la capacidad de analisar situaciones y construir sus propios argumentos, llevándonos a escenarios de represión en los que nunca se estará dispuesto a renovar el pensamiento a partir del contacto con otras ideas.

Por otra parte una concepción de coherencia mediada por el cambio, implicaría una capacidad de adaptación motivada por la argumentación, en la que reconocemos nuestra condición humana y de seres en constante construcción, aceptando la contradicción como elemento inherente a nuestra existencia y del error como insumo fundamental para el aprendizaje y la remodelación nuestros Tem:. Interiores, hecho que debería traspasar los límites del espacio privado, haciéndose extensivo a la forma en que nos relacionamos con nuestros HH:. y con el mundo profano.


Es mi palabra.

CAAH
M:. M:.
Hosp:.

miércoles, 19 de julio de 2017

Sobre la laicidad en la OMMI

La laicidad del Estado y de sus instituciones es ante todo un principio de concordia de todos los seres humanos fundado sobre lo que los une, y no sobre lo que los separa. Este principio se realiza a través de los dispositivos jurídicos de la separación del Estado y las distintas instituciones religiosas, agnósticas o ateas y la neutralidad del Estado con respecto a las diferentes opciones de conciencia particulares.

Puede definirse la laicidad como un régimen social de convivencia, cuyas instituciones políticas están legitimadas por la soberanía popular y no por elementos religiosos.
Si la laicidad designa el estado ideal de emancipación mutua de las instituciones religiosas y el Estado, el laicismo evoca el movimiento histórico de reivindicación de esta emancipación laica. 
Dánae, Venus y Adonis, las primeras poesias.
Tiziano
Museo del prado, Madrid

La laicidad pretende un orden político al servicio de los ciudadanos, en su condición de tales y no de sus identidades étnicas, nacionales o religiosas.
El término laicidad viene del vocablo griego laos, que designa al pueblo entendido como unidad indivisible, referencia última de todas las decisiones que se tomaban por el bien común. El laicismo recoge ese ideal universalista de organización de la ciudad y el dispositivo jurídico que se funda y se realiza sobre su base.

La laicidad descansa en tres pilares: La libertad  de conciencia, lo que significa que la religión es libre pero solo compromete a los creyentes, y que el ateismo es libre pero solo compromete a los ateos; la igualdad de derechos, que impide todo  privilegio público de la religión o del ateismo; y la universalidad de la acción pública, esto es, sin discriminación de ningún tipo. Esas son las tres exigencias indisociables del laicismo, afirma Henri Peña-Ruiz

A continuación un fragmento del discurso de la Gran Maestre Ivette Ramón al entregar su cargo

“Como a veces se me han pedido explicaciones en relación a una sola palabra de nuestra Constitución, introducida en 1997 y luego explicitada en 2012, la palabra laicidad, deseo aportar una precisión que finalmente debería poner un término a desacuerdos que no tienen absolutamente ningún espacio en el seno de nuestra Orden.
Ciertas interpretaciones de este concepto continúan siendo totalmente fantasiosas, generando de esta manera unos desarrollos y unas posiciones incompatibles con el espíritu masónico de LE DROIT HUMAIN.

La laicidad no es el rechazo de las creencias o de las religiones. Tampoco se trata de un combate contra unas y otras. La laicidad no es un dogma.
La laicidad no es una religión atea que sería discutida en un plano filosófico. La laicidad es un principio de respeto mutuo, recíproco, de las creencias o de las nocreencias, de las convicciones de cada uno dentro del espacio común, dentro del espacio público. Bajo la amenaza de conflictos, de intolerancia, de guerras de religión, de comunitarismos, que están al lado opuesto de las concepciones de LE DROIT HUMAIN, las creencias, las no-creencias y las convicciones, deben permanecer en la intimidad de cada uno, sin proselitismo.

Este respeto del otro, fundamento de nuestra institución masónica, que deja a cada uno su espacio personal dentro de su intimidad, es la principal condición de la vida armoniosa dentro de nuestras logias, dentro de nuestras jurisdicciones, dentro de nuestras federaciones.

La laicidad, tanto dentro de la vida masónica como en el espacio de nuestra vida profana, es un código de comportamiento, pero también un principio constitucional en LE DROIT HUMAIN: este principio aplicado, permite a los Hombres y a las Mujeres el poder entenderse, el poder vivir en buena armonía sin barreras comunitaristas.

En consecuencia, nuestros rituales no deben mostrar ninguna evidencia de pertenecer a una creencia, incluso bajo formas alteradas, y por parte de los profanos, las Hermanas y los Hermanos no deben exigirles nada más que el hecho de ser hombres y mujeres libres y de buenas costumbres, deseosos de trabajar honestamente a su propio progreso y al progreso de la Humanidad.”

GGC
V:.M:.


domingo, 16 de julio de 2017

Instalación de Oficiales Jacques de Molay

Voy a permitirme iniciar esta Plancha con una cita de la divina comedia de Dante Alighieri en el Canto 1 del infierno:

“A la mitad del viaje de mi vida me encontré en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto.

¡Ah! Cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi pavor, pavor tan amargo, que la muerte no lo es tanto.

Pero antes de hablar del bien que allí encontré, revelaré las demás cosas que he visto.

No sé decir precisamente cómo entré allí; ya que adormecido estaba cuando abandoné el verdadero camino.

Pero al llegar al pie de una cuesta, donde terminaba el valle que me había llenado de miedo el corazón, miré hacia arriba, y vi su cima revestida ya de los rayos del planeta que nos guía con seguridad por todos los senderos.”
La Barca de Dante
Eugene Delacroix
Museo de Louvre, Paris

La escalera iniciática asciende hacia la luz del conocimiento, pero sus giros no son ajenos a los claro oscuros que propician los recodos y los ángulos propios de la senda masónica.

En ocasiones se observa el lejano resplandor del delta radiante, alternado por momentos de oscuridad entre las sombras del espíritu humano.

Para Dante, la mitad del viaje de la vida se refiere al medio día masónico, aquel momento de superflua lucidez donde la madurez apenas es un esbozo del futuro, y en el cercano pasado, aún se siente el ímpetu de la juventud que alcanza el culmen de los deseos y los anhelos.

Este, queridos hermanos, podría ser el caso de nuestro taller.

Hemos recorrido algunos años construyendo sobre columnas fuertes y hermosas, relucientes de sueños y soldadas con dedos entrelazados producto de cientos de cadenas de unión en logia.

Somos el producto de un trabajo único, donde los obreros calificados han contribuido con una capa tras otra de mampostería fina, con la libertad como aliciente y la fraternidad como pegamento vivo.

Adormecido en procura de su guía, entro Dante al primer círculo del infierno, tratando, en medio de la bruma y la desesperanza, de encontrar a Virgilio.

Con el llevaba el difícil lastre de sus pasiones; de aquellas pesadas maletas que tanto nos cuesta dejar, el orgullo, la envidia, la ira, las ansias de reconocimiento y de poder, aquellas que a pesar de que en el mundo profano tengan alguna utilidad, solo sirven en el mundo masónico para darse cuenta de lo difíciles que son de llevar y que solo logran hundir los zapatos y hacer más difícil el tránsito por la diminuta puerta de la iniciación.

Sin embargo, la luz siempre está allí, en el planeta que Dante consideró seguro, el camino hacia la verdad, hacia la realidad de las cosas que se logran entender.

Siempre habrá un camino entre las dificultades, siempre seremos viajeros de la espiral de un ADN colectivo, que tiene la misma estructura de la escalera que decidimos iniciar, la misma de Rembrant en su meditación filosófica y de Da Vinci en su juan bautista.
El filosofo en meditación
Rembrandt
Museo de Louvre, Paris


Somos los depositarios de una tradición de ciencia mágica o de creencia escéptica, un crisol de posibilidades tan infinito como las estrellas de la bóveda celeste, donde los afinados telescopios de los masones siempre apuntan tratando de develar el enigma de los tiempos.

Nuestro taller toma fuerza luego de que las hogueras del solsticio encendieron los corazones de sus miembros, dejando que el trigo y el vino se mezclaran en esa intima luz propiciada por los pergaminos del ayer, del pasado, desde el cual se proyectan nuestros ancestros para marcar un nuevo camino hacia el oriente.

Juntos queridos hermanos y apoyados por nuestros amigos verdaderos, todos presentes en esta cámara de francmasones, tomaremos un legado de honor, de perseverancia y de lealtad y lo convertiremos en un nuevo faro desde donde nuestros mandiles logren reflejar la luz que emana desde la brillante y eterna estrella del ara de los juramentos.

Los invito hermanos a caminar juntos, corazón con corazón, busquemos confiados al Virgilio que va a nuestro lado, aquel que tiene cara de amigo, de hermano, de maestro o de aprendiz.


Es mi Palabra.

GGC
V:.M:.

jueves, 6 de abril de 2017

Futuro

El futuro hace parte de las fugaces visiones de los hombres y de las sociedades. Es una idea, una metáfora, un camino difuminado que vemos perderse entre los velos de la imaginación. Hablar del futuro de alguien o de algo es solo una especulación, un prospecto de vaticinio que tiene tintes emocionales con una gran carga de deseos y sentimientos. Las ciencias creadas por la humanidad apuntan a tener opciones seguras en diferentes aspectos, la comodidad de una proyección en aras de mejorar la calidad de los horizontes, es una apuesta a la que todos queremos ir, pero que no tiene estrategias infalibles o fórmulas mágicas que aseguren que los conceptos presupuestados se cumplan como una regla de la matemática, la cual incluso podría llegar a ser tan relativa como la misma existencia.

Hoy nos enfrentamos a una época acelerada, digital, virtual e impersonal, que hemos adoptado a fuerza de necesidad y gracias a una evolución exponencial de las posibilidades de nuestra realidad. Los masones transitamos en la modernidad de un presente dinámico que varía según las tendencias económicas, las movilizaciones sociales y un ambiente de globalización, donde las fronteras geográficas se mantienen, pero las humanas son cada vez menos claras.
El caminante sobre el mar de nubes
Caspar David Friedrich
Museo Kunsthalle, Hamburgo

Hacemos parte de un futuro diseñado en el siglo XX , que no se parece en nada a los seres vestidos con atuendos brillantes , con antenas en la cabeza y con poderes telequineticos que mostraban las películas de los años 50 y 60. Por el contrario, en nuestro flamante siglo XXI, encontramos al interior de las logias a unas personas vestidas de color oscuro, con bandas, mandiles, caduceos, espadas, velas, candelabros y finos lenguajes, más acorde con el siglo XVIII que con la época de la red mundial de información y la volatilidad de las tradiciones. No obstante, nuestro trabajo basado en un ritual y una simbología continua tan vigente hoy, como hace tres siglos atrás, es una cuestión de evolución y de adaptación, las mismas que han garantizado la supremacía de la especie humana y que nos han tocado por características innatas, aunque cada vez mejor aplicadas a los retos de la modernidad.
Nuestro futuro como método y estrategia, se ve cimentado en la riqueza de una tradición iniciática que tiene múltiples orígenes y que comparte conceptos con el desarrollo de la civilización contemporánea y su interacción con las diversos entornos en los cuales se aplica. Pero ese futuro depende en gran medida de un presente bien aprovechado y de nuestra capacidad de transformación, dando forma a una propuesta de trabajo simbólico aplicado a las condiciones reales y actuales de los miembros de la orden, así como a la realidad social y mundial que nos envuelve.

Los trabajos masónicos deben conservar su gran fortaleza simbólica y nuestros rituales deben ser el complemento de la ejecución profana, donde el espíritu humanista cultivado en logia, se expresa como una sinfonía de saberes, sentires y acciones en torno al progreso de los seres humanos, incluidos nuestros propios hermanos.
La época contemporánea exige la versatilidad de las ideas y la innovación de las relaciones. Somos el resultado de un crisol de conocimientos, de un sin fin de promesas y de un número infinito de palabras, que no son más que la expresión de la necesidad constante de los seres humanos por trabajar juntos entorno al calor de la confianza y de los ideales comunes.

Nuestra orden, hoy en día es el futuro de la masonería tradicional, nuestra propuesta de inclusión social , de género y de libre pensamiento, la laicidad con respeto y tolerancia, así como nuestra tendencia fraterna, hacen juego con la heterogenicidad de los métodos de la civilización actual. Nuestro presente cambiante y modulado debe ser la fortaleza donde se cimentan las bases de aquel futuro incierto pero con buenas perspectivas.

La francmasonería moderna exige un presente digno de su pasado, nuestra orden debe continuar en su ascenso de la búsqueda de la verdad y de un mundo más justo, más humano, más libre y más tolerante con la diferencias de cada cual. Tenemos un futuro por construir, donde las piedras pulidas van a ser acomodadas, no por las llanas y los palustres de los obreros calificados, sino por las hábiles manos de seres que evolucionan con el cambio y que se adaptan permanentemente a su entorno.

GGC:.
MM:.

viernes, 10 de marzo de 2017

TESTAMENTO PARA NACER

“La vida es un constante proceso, una continua transformación en el tiempo, un nacer, morir y renacer”
(Hermann Keyserling)

Tome la frese de Hemann para interpretar, ese momento vivido cuando inicie este hermoso camino, siendo para mí un nuevo nacer como persona ante la vida profana que seguía, es una transformación de las diferentes costumbres para así tomar conciencia de mis deberes y la relación constructiva conmigo y con los demás. El testamento Filosófico es una preparación para la vida nueva del espíritu a la cual tiene que renacer.

Como primera medida el testamento es un deber que tenemos que asumir a la hora de nacer, y después, el deber de ser el ejecutor de todas nuestras intenciones, en un programa de vida que se deberá realizar con una comprensión más luminosa de las relaciones, con el deber de reconocerse y establecerse interiormente, y no basado en creencias o prejuicios, indiferentes si son positivos o negativos. Lo que más me agradó es el simple hecho que en ningún momento de mi iniciación se me preguntó cuáles eran mis creencias o mis inclinaciones filosóficas, antes vieron esa piedra bruta que estaba en una búsqueda constante de transformación; así contribuyendo un poco más a lo que la sociedad quiere encontrar, pero con un camino que no es fácil de recorrer identificando el papel que tomé en este mundo.

Ahora bien con las preguntas que se encuentran en el testamento sobre ¿Cuáles son vuestros deberes hacia Dios? Y ¿Cuáles son vuestros deberes hacia vosotros mismos? Puede ser contestaba basado en el Principio Universal de la vida que cada uno tiene, ligado a reconocer su vida exterior y que se halla íntimamente relacionado con lo que el mismo es interiormente, y como  con la compresión de esta relación tiene en si el poder de dominarla y dirigirla constructivamente. 



Una expresión del Libro del Aprendiz dice que somos manifestación concreta de, “lo que el mismo se ha hecho y se hace constantemente, con sus pensamientos consientes y subconscientes, su manera de ser y su actividad”. Siendo un deber de cada uno hacerse llegar a ser una siempre más perfecta expresión del Principio de Vida.

Y en cuanto a los deberes hacia la humanidad, se puede decir que debe acostumbrarse a ver en todos los seres otras tantas manifestaciones del mismo Principio Único de Vida, y sabiendo que, él es por fuera lo que es y se hace por dentro; de ahí se establece cual es  la relación con la humanidad, y siendo como resultado la Fraternidad.

El testamento representa para mí una nueva vida, formándome cada día en la mejor manera para ejecutarlo, siendo esta la preparación necesaria para los viajes o etapas sucesivas de progreso que me esperan.



Es mi palabra.

LVMP
A:.M:.

HOMBRE LIBRE Y DE BUENAS COSTUMBRES


Al momento de ingresar en la logia los aspirantes deben reunir unos requisitos entre ellos es que el aspirante debe ser una persona libres y de buenas costumbres, para poder ser admitido en la logia.

Aquí viene quizás un planteamiento importante,  que significa ser un hombre libre y de buenas costumbres, para lo cual empezare a definir qué significa ser un Hombre libre, una definición popular lo define como: ““aquel que sabe lo que quiere, quiere lo que sabe, hace lo que quiere y ama lo que hace”, bajo esta premisa, tenemos que un hombre libre es aquel que puede expresar sus pensamientos, no es manipulable por terceros, no está sujeto a ningún dogma o religión , y no tiene vicios que lo atan y lo vuelven esclavo del entorno.
En masonería la definición proviene de la palabra francmasonería, la cual procede del francés Fran “libre” y masón “albañil”, albañil libre .

La idea de LIBERTAD se convierte en la Piedra angular de la institución y abriéndose para recoger en su seno a todos los hombre libres que quieran buscar su crecimiento interior para el beneficio de la humanidad, sin perjuicio de su actividad laboral, posición socioeconómica, con la única condición de ser  libres pensadores y adherirse a los principios de LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD.


En este orden de ideas ser LIBRES significa  que se tiene la habilidad de abandonar cualquier tipo de prejuicio para considerar una opinión por su valor no por quien la dice, sin darle más valor si la dice un hombre o una mujer, si la dice un maestro o un compañero; eres “libre” cuando aceptas  una  idea independientemente de quien la diga, solo teniendo en cuenta su contenido.

Las buenas costumbres, se conoce como el conjunto de  todos aquellos hábitos que contribuyen a mayor medida a mejorar nuestro bienestar diario, aquellos  hábitos que forman parte de nuestro estilo de vida y la manera en que nos relacionamos con los demás y con nuestro entorno, esto significa ser portador de una buena reputación, siendo buen padre (madre), hijo (a), hermano (a), esposo, su conducta esta siempre orientada a ser hacia lo justo y etico.

El Mason debe practicar buenas costumbres, todas encaminadas a tener una conducta solidaria y fraterna con todas las personas.


Es mi palabra.

LPB
A:.M:.