martes, 2 de junio de 2020

Reflexiones en medio del confinamiento: perspectivas desde la ética, la responsabilidad con la humanidad y la felicidad

Escribir estas líneas en medio de una declaratoria de pandemia es de las últimas cosas que hubiese podido imaginar hace unos meses. Creo que el contexto ha sido una fuente de inspiración para escribir estas palabras como una aproximación a la ética, la felicidad y la masonería, tratando de responder a la pregunta: ¿Hoy qué significa ser masón? 

En primer lugar, quiero referirme a la felicidad un concepto amplio y para muchos impreciso. Schopenhauer a partir de tres determinaciones básicas: lo que uno es, lo que uno tiene y lo que uno representa. Lo que somos los masones desde nuestra iniciación,    cuando emprendemos un viaje espiritual donde converge lo que somos y lo que deberíamos ser. No obstante, este trabajo personal no puede confundirse con la individualidad, por el contrario, es un viaje que debe emprenderse con propósito colectivo.  Bajo esta visión entonces, sería importante responder tres preguntas: A) Qué implica ser masón en medio de la pandemia; B) ¿Qué tenemos los masones en la actualidad?; y C)) ¿Qué representamos en el presente y el futuro?

Sobre qué implica ser masón en medio de la pandemia, creo que es un escenario que pone a prueba todos los principios masónicos y de manera particular la libertad, la igualdad y la fraternidad. 

Se ha trastocado la normalidad y han quedado en evidencia los grandes problemas estructurales de la garantía afectiva del derecho. El confinamiento ha sido de las medidas más lesiva de los derechos humanos, especialmente los fundamentales, que en el marco de un estado de excepción, estas limitaciones sean admisibles, lo preocupante es que estas medidas transitorias con el paso del tiempo están ad portas de volverse permanentes, lo cual pone en riesgo el ejercicio de las libertades tal y como las conocemos.

Libertad, igualdad y fraternidad, se encuentran en peligro.  La libertad sublime plasmada con la tinta de la pluma de Rafael Núñez en nuestro himno nacional, empieza a diluirse en el mar de las restricciones excesivas, el abuso del poder,  la arbitrariedad la censura y el miedo a una pandemia que hubiese tenido otra suerte en América Latina de  no haber sido por la cuenta de cobro que nos está pasando la corrupción que ha desangrado por años el sector salud, el sistema financiero, la política sin sentido, la indolencia frente a las realidades sociales que por años han cosechado desigualdad construyendo brechas que hoy se profundizan y nos tienen al borde de una recesión sin precedentes.  

Del COVID Art Museum
 COVID Museum
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Estamos siendo testigos de todos los valores anti masónicos en el cuerpo de una pandemia, la cual ha sembrado miedo, zozobra y desesperanza.  Este panorama sin lugar a dudas es un llamado a retomar las banderas de nuestros principios masónicos, resignificados en una realidad donde la fraternidad y la consciencia del otro son la clave para avanzar en nuestros trabajos. Fraternidad no como agregado simbólico, fraternidad no como una imposición, no como un mito, sino más bien como un imperativo y un compromiso real. 

 ¿Qué tenemos los masones en la actualidad?  Nuestras herramientas. Aunque la respuesta parece obvia en principio, nuestras herramientas son nuestra posesión más preciada pero la menos valorada.  Cada uno desde nuestros roles en el mundo profano hemos procurado impactar nuestro medio, poner en práctica nuestros principios, sin embargo, es necesario trascender la individualidad. Como obreros no podemos perder de vista que la piedra bruta que individualmente pulimos, encaja de manera perfecta en la construcción de nuestro templo. Es importante recordar que, si se pule desde la individualidad, así sea el más perfecto trabajo, será vano en la medida en que dicha piedra nunca encajará de manera armónica en nuestro templo. Este es un llamado a sumar esfuerzos desde nuestros respectivos orientes, los cuales deben ser constantes desde el mediodía hasta la media noche.  Es un llamado a la unidad y la coherencia entre nuestra vida profana y nuestra vida masónica.  No podemos ser testigos mudos de la injusticia, la desigualdad, la arbitrariedad, la indolencia. Nuestras herramientas en perfecta armonía, compás, escuadra, cincel, mazo, plomada, nivel, palanca, la regla. Debemos quitarnos los guantes para abrazar la realidad profana en cadena de unión. Salud, fuerza y unión como un propósito constante y no solamente como un privilegio masón.   

 

¿Qué representamos los masones en el presente y el futuro? Eso depende de las decisiones que tomemos en el presente. El presente constituye el único patrimonio de la vida, que nunca nos puede ser arrebatado. La felicidad siempre la vemos en el futuro o en el pasado, nunca en el presente. Vivimos concentrados en el futuro y dándole poca importancia al presente. Debemos salir del egoísmo estructural donde la solidaridad se torna imposible.  El egoísmo es compatible con la moral del sentido común y las buenas costumbres. Debemos construir un ético masónico basado en la resignificación de nuestros principios, un lugar donde no haya cabida a los prejuicios, pero si a un orden demócrata, solidario, justo, diverso, cada día más sensible, compasivo, fraterno desde el verdadero sentido humanista, como sinónimo de integración y edificar así nuestro templo al progreso y al perfeccionamiento de la humanidad.

Para quienes trabajamos desde distintas profesiones para alcanzar sociedades más libres, igualitarias y solidarias. Para quienes en nuestro quehacer cotidiano defendemos y reconocemos en los otros sus derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución Política, en la que se plasma el compromiso de hacer de nuestro país una República “democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran”, hoy sentimos la necesidad de romper nuestro silencio para dejar que hable la realidad de nuestra patria que con asombro se devela en su plenitud ante la crisis de la pandemia, situándonos en la incertidumbre de un ineludible cambio histórico.

No obstante nuestra frágil democracia, ya casi sin valores que parecen extinguirse ahogados en la corrupción de un neoliberalismo rampante, los ciudadanos de Colombia frente a la enfermedad del COVID 19 confiamos en el único asidero posible, el gobierno y sus estructuras públicas puestas al servicio del bien común como es el mandato Constitucional; sin embargo, hoy a esa ciudadanía que tiene el derecho a la protección de un Estado de Derecho para vivir dignamente, se le han vulnerado todos sus derechos: los económicos por una inadecuada y equivocada distribución de los subsidios; en lo político, sin la defensa de los derechos humanos; en lo cultural, sin el reconocimiento del otro, del más vulnerable, para asegurarse así conservar el poder y la riqueza.   

 

Que  decir del derecho a la educación, cuando el bien más preciado es el conocimiento generador de ideas y por tanto de riqueza, hoy las universidades casi que agonizantes piden subsidios del gobierno para no desaparecer; pero en su soledad y sin respuestas coherentes se han visto obligadas a competir única y exclusivamente desde lo económico; la que más rebaje el valor de las matrículas, más estudiantes captará, no importa la calidad en su formación, pues hoy en medio de la crisis ha perdido su prioridad, al igual que la educación pública que hoy proclama una virtualidad inexistentes, nos dimos cuenta que un 60% de nuestros estudiantes no tienen conectividad, la gran mayoría ni siquiera un computador,   ¿Será que de ahora en adelante también se desconocerá el derecho a recibir una educación de calidad?

 Cada vez se acelera más el estado de precariedad de los derechos fundamentales como el de la salud; poblaciones enteras ven morir sus seres queridos por falta de los equipos necesarios, o por escases de personal de salud para prestar un eficiente servicio. También el derecho al trabajo es de asombrosa flexibilidad e inequidad, pues son muchas los colombianos que deben decidir entre exponerse al virus o morirse de hambre.  

Como colombianos guardamos la esperanza que esta crisis humanitaria  despierte la conciencia social, capaz de    transformar  esas estructuras de corrupción de un estado en decadencia, y permitir el surgimiento de una nación soberana, democrática, pluralista, participativa y defensora de la libertad, la igualdad y la vida.

 

Es nuestra palabra Q.:Q.:H.:H.:.

 

Construcción Colectiva de los Q.:H.: de la R.:L.: 2046 María Cano.


sábado, 30 de mayo de 2020

Del abrazo virtual a la Iniciación con guantes de látex


La masonería es una institución centenaria, enmarcada en una extensa tradición iniciática que ha recogido simbología de múltiples tradiciones filosóficas y de diversos orígenes y épocas de la historia humana; desde la antigua mitología egipcia de Isis, Osiris y Horus, hasta el platónico mito de la caverna.
Hemos estudiado los rituales iniciáticos de la edad media y nos hemos maravillado con los atrevidos cambios en el pensamiento occidental de Descartes y Kant. Hemos transitado entre la revolución francesa, la ilustración, la modernidad y los nuevos paradigmas sociales y políticos del siglo XX. La masonería ha logrado superara la persecución, las guerras mundiales y las debacles económicas de los periodos de recesión mundial.
Pero ¿Esta la masonería preparada para enfrentar los nuevos retos que nos propone el siglo XXII?
Muchos se extrañarán de la inclusión de este número en la pregunta anterior, ya que apenas estamos iniciando la década de los 20 del siglo XXI, no obstante, los seres humanos siempre hemos, por naturaleza, pensado en nuestro futuro cercano, y si bien, no estaremos para ver esa ilusoria época, podríamos plantearnos, con lo que vivimos hoy, ¿cuáles podrían ser los retos de los masones del próximo siglo?
Al principio de este escrito inicie hablando de la tradición masónica, haciendo un recorrido por nuestro vasto universo simbólico, pero acá debemos pensar en algo, todos nuestros rituales y ceremonias, toques y palabras, iniciaciones y aumentos de salario, dependen de algo que podría empezar a cambiar con la llegada de las pandemias (lo digo en plural, ya que es probable que esta sea la primera de varias en el siglo de transitamos), me refiero al hecho de estar “presente”.
Nadie podría imaginar una ceremonia de iniciación donde el sabor del vinagre, el correr del agua, los tórpidos primero y segundo viaje y la espada apuntando al corazón, sean reemplazados por elementos de realidad virtual, o por una experiencia 3D.
El iniciado, además podría estar en otro continente, pero conectado tecnológicamente con su logia de origen, lo anterior entonces cambiaría para siempre el concepto de los “orientes y las obediencias”, ya que el lugar geográfico de una logia podría ser cualquier lado, incluso “en la nube”.
Christian Steagall Conde
2020

El otro factor que podría desmotivar el hecho de estar presente es el contacto cercano, o como lo dicen los epidemiólogos, el contacto estrecho, lo cual se refiere a la posibilidad de trasmisión de enfermedades por estar cerca de otros, lo cual no es nuevo, ya que sabemos que muchos de nuestros antepasados iniciados ilustres murieron de tuberculosis o de cólera, enfermedades altamente contagiosas, no obstante solo hasta ahora, nos imaginamos guardando distancia, usando tapabocas en vez de bandas decoradas, cambiando los blancos guantes bordados por unos profanos guantes de látex, evitando el abrazo fraterno y fijándonos bien de habernos roseado el vestido con una buena cantidad de alcohol antiséptico.
Estamos entrando en la masonería de la era tecnológica y de la pospandemia COVID19, pero me vuelvo a preguntar ¿Podrá la masonería refundarse en medio de este atentado a uno de sus elementales fundamentos?, el contacto con el otro.
En vista de la contingencia por la que atravesamos, tendemos a pensar que volveremos a ser los mismos, y que solo es cuestión de que pase el peligro este virus SARS, pero la realidad es que la manera como nos relacionamos con el medio ambiente y los seres que lo habitan es insostenible, la contaminación del medio ambiente nos traerá nuevos retos de salud, nuevos virus van a mutar y nos va a volver a alcanzar, hemos comprendido que el contacto físico puede ser la base de la fraternidad, la calidez que nos ofrece la cadena de unión (sin guantes), y la vivencia de nuestros símbolos más poderosos, pero también el origen de nuestros más profundos temores epidémicos, cada vez más complejos y mejor comprendidos.
Hemos llegado a un punto de la evolución en la que la nueva francmasonería tendrá de reinventar su manera de funcionar; y es posible que sus principios se mantengan erigidos como las columnas del Partenón de Atenas, pero lo que si debemos pensar es en como lograremos cambiar el abrazo por un encuentro por videollamada, las palabras susurradas por un password y que los encuentros presenciales y nuestras elaboradas ceremonias podrían reemplazarse por un tutorial interactivo.
Hemos llegado al punto donde debemos adaptarnos y superar la velocidad de los terabytes y de las mutaciones, de las interfaces y los aerosoles infecciosos, de los gigapixeles y las replicaciones de un virus que nos ha puesto en jaque.

Es mi palabra 

GGC
M:.M:.

sábado, 9 de mayo de 2020

Del COVID19 a la vida en HD


La pandemia por COVID 19, a diferencia de la última gran epidemia de gripe española de 1918, encuentra una sociedad absolutamente diferente en tan solo 100 años. Los avances de la sociedad actual han sido tan acelerados, que en los últimos 20 años dimos un giro dramático en todos los aspectos posibles de la humanidad; la puesta en marcha del internet y la consolidación de la sociedad digital, modifico para siempre la manera de relacionarse y convirtió al mundo natural en algo obsoleto y secundario, dando paso al mundo virtual, moderno y tecnológico.
Esta pandemia en especial, nos encuentra interconectados al máximo, tanto que los eventos benéficos para mitigar el efecto económico del asilamiento, se hacen en línea, y desde los rituales religiosos, hasta los encuentros familiares, ahora se hacen en una pantalla y con audífonos.
No obstante, y a pesar de los avances, parece que lo que no cambia es la desigualdad social, que desde tiempos antiguos va de la mano con la historia de la humanidad.
Chistian Steagall Conde
2020

¿Podría esta crisis global dar lugar a algún tipo de revolución social? Una revolución tan inédita como la misma pandemia; que fuese acometida sin grandes movilizaciones y se viera soportada mediante reformas de gran impacto. Que contemplara unas reglas de juego menos determinadas por los intereses estrictamente económicos. Que generara un contrato social nuevo y nunca antes visto, que partiera de las prioridades vitales de todos los ciudadanos.

En los últimos meses hemos presenciado dos fenómenos interesantes, el primero es que el virus es una suerte de justiciero, ya que a pesar de que la población más afectada son los hombres de mayor edad, la infección no discrimina a pobres de ricos, a blancos de otros colores, a judíos, musulmanes o cristianos, ni pone en la balanza la identidad de género, los gustos musicales o el saldo en el banco.
Este virus nos ha recordado que todos somos vulnerables y susceptibles, y mientras no se conozca un fármaco efectivo contra la infección o se desarrolle una vacuna todos estamos en riesgo de encontrar algo, que para algunos es una idea lejana, la muerte.
El otro fenómeno llamativo es que durante esta situación recobraron valor algunas cosas que habíamos dejado de lado y que parecían obsoletas o pasadas de moda, entre ellas, el valor del contacto con el otro, la socialización real y natural, el abrazo, la mirada y la calidez de otras manos.
Con toda seguridad y por un tiempo, una vez logremos superar las fases más críticas de la pandemia, volveremos a encontrarnos y ojalá volvamos a la mesa, pero sin tener que estar mirando el celular todo el tiempo, ojalá volvamos a las calles, pero a disfrutar del paisaje y de ver pasar a otros, y no a transitar como hormigas sumidas en un aislamiento interno y voluntario con unos audífonos blancos e inalámbricos. Seguramente reconoceremos de nuevo nuestro medio ambiente y nos vamos a maravillar de nuevo con el aire limpio y las montañas verde azules del horizonte, pero ojalá no volvamos a considerar el ambiente como algo externo, diferente de nuestra esencia humana, y no continuemos llenado los mares de plástico, la tierra de icopor, y los ríos de costales de escombros.
Nos hemos encontrado en medio de una pandemia global, que no discrimina, pero que nos ha dado la posibilidad de ver hacia el exterior y hacia el interior, de reconocer el mundo en el que vivimos; el de afuera, sagrado, natural, prístino y poderoso; el de adentro, enigmático, personal, reconfortante y productivo.
Se nos pide quedarnos en casa el tiempo que haga falta y no caer presas del pánico. Debemos hacer un ejercicio simultáneo de responsabilidad individual y social, para no contagiarnos y no propagar la epidemia. Salvar nuestras vidas es una prioridad indiscutible. En contadas ocasiones un desafío nos plantea que todos nos lo jugamos todo al mismo tiempo.
Sin embargo, la crisis de la pandemia podría generar una revolución colectiva promotora de cambios significativos en una sociedad en donde resulten más equilibrados el interés personal y los deseos colectivos.
Es mi Palabra
GGC
M:.M:.

lunes, 20 de abril de 2020

La Francmasoneria: desde la pandemia a la seguridad alimentaria


En una Tenida Solemne de Iniciación a la que asistí, me llamó poderosamente la atención la parte del Ritual donde se les explica a los aspirantes lo siguiente:
 “La Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain, (El Derecho Humano) afirma la igualdad del hombre y la mujer, aspira a que ambos logren gozar, en toda la tierra y en forma igualitaria, de la justicia social, en una humanidad organizada en sociedades libres y fraternales” IGUALDAD.
“Vuestro segundo deber, es la práctica de las virtudes benéficas y gratas, socorrer a los Hermanos y Hermanas en caso de necesidad, ayudándoles con todas vuestras fuerzas físicas, morales y espirituales. Respetuosos de laicismo, de todas las creencias relativas a la eternidad o a la no eternidad de la vida espiritual, sus miembros buscan, ante todo concretar en la tierra y para todos los humanos, el máximo desarrollo moral, intelectual y espiritual como fin para que cada individuo pueda alcanzar la felicidad en una humanidad fraternalmente organizada” FRATERNIDAD.
“La Franc-Masonería es una Institución que no procede más que de ella misma: extrae sus principios de la razón y del amor a la humanidad. Es universal. Deja a cada cual libertad de creencias y se libera así de todo dominio y de todo dogma. No impone ningún límite a la búsqueda de la verdad. Proclama además que mi libertad llega hasta donde empieza la del otro y que no debo hacer a otro lo que no quiero para mí.” LIBERTAD.
Newton
William Blake
Para completar la importancia de éstas tres simples pero a la vez poderosas palabras nuestros trabajos se abren y se cierran con el Signo: La Triple Batería: y la Aclamación: LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD; “que son los postulados consagrados por la Revolución Francesa, reconocidos y adoptados como fundamento insustituible de lo que, a juicio de los pensadores modernos, constituye la trilogía necesaria para garantizar la intangibilidad conceptual de la dignidad del hombre ante y frente al estado y en su dinámica, la búsqueda del bienestar y del progreso de la humanidad” (Tomado de Fraternidad, Edición No 5 de Junio de 2006).
Desde mi iniciación he considerado éstas tres palabras como el pilar de la Masonería Universal y me ha marcado el 5º punto del Decálogo Masónico Universal que dice “SI ERES HOMBRE LIBRE, SERAS JUSTO. SI ERES JUSTO, SERAS IGUALITARIO. SI ERES LIBRE, IGUALITARIO Y JUSTO, SERAS FRATERNAL”; por eso cuando fui llamado al cuarto grado, que se me pidió hacer un trazado, pensé sin dudar analizar La Libertad, La Igualdad y la Fraternidad, pero desde el punto de vista de mi profesión de Ingeniero Agrónomo, y cómo desde ésa óptica puedo contribuir al Progreso de la Humanidad.
“Si no hay Agricultores, no hay Alimento”. La información diaria habla de que debido a la mala administración que hemos hecho de nuestra casa el planeta tierra, el calentamiento global, el clima todos los días cambiante, los agujeros negros, la capa de ozono, la escasez del agua, los derrames de petróleo, los animales, las aves y las plantas en vía de extinción, etc, conducirán a la especie humana a una HAMBRUNA tal, que solo aquellos, que produzcan alimento y tengan agua, es decir los agricultores, serán los sobrevivientes y se les dará la importancia hasta ahora negada o indiferentemente desconocida.
La Agricultura es la técnica para el cultivo de la tierra, el Ingeniero Agrónomo es el que entiende en todo lo que se refiere a la práctica de la agricultura y Agricultor es la persona que labra o cultiva la tierra.
Partiendo de estas tres definiciones y ante la amenaza que se avecina es mi deber actuar como Maestro Masón, de acuerdo con las divisas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, para trabajar al progreso de la Humanidad y a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo.
Estoy actuando con Libertad, cuando hago mi trabajo de Agrónomo, libre de presiones externas en la aplicación o recomendación de productos químicos prohibidos, cuando cumplo con mi trabajo con honestidad, con pasión y con amor buscando siempre el aumento de la productividad de productos que generen una alimentación sana, cuando busco con mis recomendaciones técnicas que los agricultores libremente produzcan más y mejor y con ello aumenten sus ingresos y el de sus familias, cuando me niego a sembrar o a recomendar la siembra de cultivos que puedan dañar a mis semejantes. 
Estoy aplicando la Igualdad en mi trabajo de Agrónomo, cuando trato hasta el más humilde de los agricultores, como mi igual, cuando le doy la importancia que verdaderamente merece, cuando pienso y estoy seguro que ante los problemas de hambre y escasez que se avecinan, es uno de los seres más imprescindibles del planeta, cuando en uno de sus hogares me ofrecen un alimento, lo acepto y lo consumo con amor, cuando acepto y le doy credibilidad a sus experiencias y saberes y en fin cuando entre los dos contribuimos a la producción suficiente y sana de alimentos para nuestros semejantes.
La cosecha
Vincent Van Gogh
Museo Van Gogh, Amsterdam
Estoy aplicando la Fraternidad en mi trabajo cuando con seguridad se, que aunque poseo los conocimientos, la experiencia y las oportunidades de contribuir a la solución del problema, no estoy solo y necesito conformar un equipo interdisciplinario para trabajar entre todos por un bien común, cuando entiendo y lo tengo muy claro que la fraternidad no es solo para ayudar a uno de mis hermanos en situaciones difíciles, sino que debo trabajar y ayudar por el progreso de todos y por todos, con honestidad, con amor y con buen ejemplo.
La Franc-Masonería es una de las Instituciones más fuertes de la humanidad, y una de las razones más importantes para esta fortaleza radica en que la Orden Masónica Mixta Internacional “Le Droit Humain ” El Derecho Humano afirma la igualdad del hombre y la mujer, está compuesta por Francmasones fraternalmente unidos, sin distinción de orden racial, étnico, filosófico o religioso, la Orden se impone para alcanzar este objetivo, un método ritual y simbólico, gracias al cual sus miembros edifican un templo a la perfección y a la gloria de la humanidad; pero aparte de esto y lo considero como la mayor fortaleza de todas es que somos profesionales o desarrollamos nuestras actividades en prácticamente todas las disciplinas del conocimiento humano que existen en la actualidad y por tal razón es con toda la humildad del caso que me permito a invitar a todos mis Hermanos y Hermanas pertenecientes a la Federación Colombiana del Derecho Humano a que hagamos un análisis desde el punto de vista de nuestras profesiones; de las divisas de LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD.

LHRM
M:.M:.

jueves, 16 de abril de 2020

De la serie "Contextos" Jesús Calle





Reflexiones en tiempos de Pandemia


La humanidad ha evolucionado a fuerza de drásticos cambios, de catástrofes, de guerras y de pandemias; somos el producto de la fortaleza de los que han sobrevivido en otros tiempos y otros lugares; hemos vencido a lo largo de una historia no siempre contada, las vicisitudes del solo hecho de existir, de habitar el mundo en medio de la negrura y el vacío del espacio infinito.
Este es un momento especialmente particular en nuestra historia, es el momento en que una pandemia pone en jaque a la humanidad y al orden social al que le llamamos civilización.

Y es precisamente en el punto de máximo desarrollo tecnológico de nuestra historia, en el momento en que los derechos de los seres por diversos que sean o parezcan se pretende reconocer, en el periodo en el que nuevos frentes científicos y filosóficos irrumpen en las realidades de los nuevos habitantes de la tierra; en el momento de mayor conectividad, en el del planeta de los medios de comunicación y las redes sociales, en el momento culmen de la humanidad como especie.
Nighthawks
Edward Hopper
Art Institute of Chicago
Hace solo cuatro meses surgió el primer brote del nuevo virus, semanas después ya se había identificado toda su cadena de ARN, algo impensado e imposible hace apenas 20 años.
Inmediatamente la noticia se supo en todo el mundo, porque ahora todo está a un click de una pantalla intuitiva con millares de pixeles y de lúmenes, que produce imágenes en alta definición.

Hoy tenemos aplicaciones móviles de seguimiento en vivo del número de infectados, muertes, curvas de comportamiento de la pandemia en tiempo real y predictores que se actualizan con la lluvia de datos que se producen desde Huwan hasta Los angeles y desde Islandia hasta nueva Zelanda.

La humanidad no es la misma que hace 10 años, y estamos seguros que no será la misma después de esta coyuntura.

Este enemigo no se puede ver con un microscopio, incluso para algunos científicos no se considera un ser vivo, ya que no es más que una serie de proteínas organizadas y perfectamente acopladas para invadir otras formas de vida.

Es diminuto y hasta despreciable a los ojos de una raza dominante, pero poderoso, ya que es capaz, por el solo hecho de existir y pasar de unos a otros, de poner a tambalear nuestra forma de vida, nuestros sistemas inmunes, el precioso andamiaje económico de los poderosos de oriente y occidente, nuestro sistema de creencias y sobre todo nuestros tan apreciados futuros próximos y lejanos, nuestros sueños, ¿nuestras prospectivas, nuestras certezas.

¿Cómo enfrentar un enemigo que no entendemos?, ¿Cómo enfrentar contingencias en el mundo donde casi todo tiene solución?, ¿Cómo transformar los hábitos y las maneras de tratar al otro?

En este momento de urgencia debemos hacer un alto y pensar en nuevas formas de enfrentar lo invisible, y no hablo del virus, hablo de la indiferencia, del egoísmo, de la falta de consciencia de que otros existen conmigo, de que los demás sufren, de que los muertos no so n solo cifras, que son personas con familia, que la pasada navidad ni se imaginaban que iban a pasar a la historia como pasaron los muertos de Auschwitz, o de Normandía, o para no ir muy lejos, los de la gabarra o los de las delicias. Hemos seguido la pandemia desde lejos, como si la guerra que se libra en los hospitales fuera ajena, como si el virus solo atacara a los otros y no a nosotros.

Q:.H:. debemos seguir reflexionando en medio del confinamiento, por ahora debemos pensar en la sociedad de la post pandemia, ser positivos y creer que la humanidad podría volver los ojos a sus prioridades más íntimas, al amor, la solidaridad y al servicio.

Es mi palabra.

GGC
M:.M:.

martes, 14 de abril de 2020

Los retos de la F.·.M.·. durante la expansión del coronavirus SARS-CoV-2 o covid - 19


  
En las últimas semanas hemos contemplado que la humanidad enfrenta un brote de coronavirus que nos ha dejado un considerable número de fallecidos. Para frenar esta situación la mayoría de los jefes de estado del mundo han impuesto diversas modalidades de aislamiento. Colombia no es la excepción, desde el 25 de marzo y hasta el 26 de abril de 2020 (posiblemente esta medida se prolongue), por orden del Presidente de la República emitida en el marco del estado de emergencia económica, social y ecológica , la mayoría de la población se resguardó en sus hogares, salvo el personal esencial para el desarrollo de actividades relacionadas con la salud; servicios funerarios; adquisición de artículos de primera necesidad; asistencia de niños, adolescentes, adultos mayores de 70 años y enfermos con tratamientos especiales, entre otros.

Las cifras no son alentadoras. Hasta el 19 de marzo de 2020, 230.000 personas estaban infectadas y más de 9.300 murieron . Si bien el mundo ha tenido noticia de otros virus como la gripa española (1918 y 1919, 50 millones de muertes), la gripa asiática (1957, 2 millones de personas fallecidas), la gripa de Hong Kong (1969, un millón de muertos), cólera (1961, 1971 y 1991, entre 21.000 y 143.000 fallecimientos), la gripa porcina o H1N1 (2009 y 2010, 18.500 personas murieron) y el ébola (2014 y 2016, 11.000 muertes); la velocidad con la que se propaga esta cepa y su comportamiento inconsistente  alertan a diferentes autoridades.

Ofelia
John Everett Millais
Museo Tate Britain London

Las consecuencias de esta catástrofe plantean, a mi modo de ver, un reto para los fr.·. m.·., descubrir las enseñanzas que entrañan el aislamiento y la enfermedad propiamente dicha.

Varios saberes se extraen de este momento. (i) El reconocimiento del dolor del otro, para nadie es un secreto que el confinamiento puso en evidencia profundas desigualdades económicas que permiten que un selecto grupo de la sociedad, con múltiples comodidades y los elementos de primera necesidad, se resguarde en sus casas; pero también ha mostrado a miles de personas, que sin contar con los artículos necesarios para garantizar su existencia y la de su prole, deben salir a las calles y ponerse en riesgo para buscarlos. Simplemente estaban ahí, pero el día a día, al menos en mi caso, los invisibilizaba, o por lo menos no los apreciaba con las proporciones y magnitudes que tiene a las autoridades estatales, organizaciones y privados sin ánimo de lucro construyendo estrategias para socorrerlos. (ii) La sociedad necesita urgentes cambios socio económicos y políticos: modificar las políticas públicas de salud, empleo, demografía (recordemos que para la sociedad colombiana una persona que devenga $450.000 mensuales tiene un “trabajo formal”), el manejo de recursos públicos (En el Cauca parece que una lata de atún cuesta $19.000) y tributaria. Pero la respuesta no puede ser la adopción de tesis abolicionistas, no podemos acabar con la Ley 100 de 1993, ni desmantelar a la DIAN ; lo que deben mutar son los pilares de esas instituciones. (iii) El individualismo en exceso, como una de las características determinantes de la sociedad del siglo XXI y de la política misma, es una ideología obsoleta. Esta enfermedad nos demostró que nuestro bienestar depende de las condiciones de nuestros congéneres y que resulta necesario construir relaciones más sanas con nuestro entorno (la naturaleza) , que la acumulación de la riqueza es una práctica grosera, que la vida debe pesar más que los intereses económicos, que el agua debe estar a disposición de todos los seres humanos y no monopolizada por las grandes empresas; pero más importante aún, que nuestros hábitos de consumo (bienes, servicios; útiles e inútiles) definen e inciden en el bienestar de la sociedad.


Es mi palabra


JMR
Com.·. Mas.·.

[1] 17 de marzo de 2020.

[2] Según la Revista de Salud Pública de la Universidad Nacional. Recuperado de file:///Users/JMR/Downloads/85789-459255-1-PB.pdf.
[3] Una de las hipótesis iniciales era que los efectos más nocivos del virus se presentaban en adultos mayores y personas con enfermedades crónicas preexistentes, empero, ha cobrado la vida de niños y jóvenes sanos.
[5] Ello porque una de las hipótesis sobre el origen del virus se relaciona con el consumo de murciélagos y pangolines.